La visita de Obama a Kenia genera malestar entre la ciudadanía

Desde su alto coste hasta el temor a nuevos ataques terroristas, el viaje de Barack Obama a Kenia el próximo julio se ha convertido en un problema para parte de los kenianos, que ya critican la conveniencia de esta visita en las redes sociales.

La visita de Obama a Kenia genera malestar entre la ciudadanía

El presidente de Estados Unidos asistirá el 23 de julio en Nairobi el Sexto Congreso Global de Emprendedores, encuentro que se celebrará por primera vez en un país subsahariano.

Sólo el operativo de seguridad durante su corta estancia en Kenia costará, según las estimaciones más comedidas, unos 6.000 millones de chelines (78 millones de euros), aunque algunos expertos sitúan el coste por encima de los 10.000 millones (130 millones de euros).

La visita se producirá, además, apenas tres meses después del peor atentado del grupo yihadista somalí Al Shabab en el país, que asesinó a 148 personas durante el ataque a una universidad en Garissa.

La amenaza de Al Shabab, que pende sobre Kenia desde la entrada de tropas del país en Somalia en 2001, ha hecho que algunos kenianos se pregunten si es oportuna la visita del mandatario estadounidense y si el grupo podría intentar atentar durante la misma.

La mecha saltó con la publicación en el portal estadounidense “Politico” de un artículo del analista internacional Robert Rotberg, que fue recogido en los medios kenianos y que calificaba de “una idea estúpida” el viaje de Obama.

“Teniendo en cuenta las acciones militares de Estados Unidos contra el grupo, ¿por qué tomar tales riesgos extremos?”, cuestionaba Rotberg en un texto muy difundido entre los kenianos por las redes sociales.

Las críticas no se limitan al coste o a la conveniencia de la visita, sino que se extienden a sus efectos sobre la vida cotidiana de una ciudad cuyas infraestructuras no necesitan de la presencia de un alto mandatario para quedar colapsadas.

“Las visitas anteriores de funcionarios estadounidenses de alto rango han causado enormes atascos de tráfico, con las carreteras bloqueadas, barricadas en los hoteles y espacios públicos clausurados”, recuerda un artículo del periódico The Star.

Otra frente de oposición llega desde una facción muy diferente, y también por motivos muy diferentes: el Comité Inter-Religioso de Kenia y algunos parlamentarios, que han resuelto organizar protestas en todo el país para que Obama censure determinados temas durante su visita.

“Queremos enviar un fuerte mensaje al presidente de Estados Unidos. El debate sobre la homosexualidad no debe ser parte de su agenda, como ya lo ha sido cada vez que viene a África”, declaró recientemente el obispo de la Iglesia Evangélica de Nairobi, Mark Kariuki.

Las protestas, según sostienen, expresarán el descontento de kenianos “por la forma en que el Gobierno de Estados Unidos ha estado presionando en los países africanos por los derechos de los homosexuales”.

El Gobierno keniano, a través de su portal “MyGob”, ha insistido en que la visita del presidente estadounidense, que se producirá pocos meses después de la ya realizada por su secretario de Estado, Jonh Kerry, demuestra que el país es “un destino seguro” para el turismo y “levantará” los ingresos de esa industria.

“Existen informes del Gobierno de Kenia señalando que la seguridad ha mejorado. La esperada visita del presidente estadounidense añade credibilidad a esta confianza”, señala.

Estos argumentos han sido apoyados por otros tantos ciudadanos en las redes sociales, quienes además señalan con orgullo “el origen keniano” del mandatario estadounidense.

Ajeno a la oleada de críticas, Obama ha reiterado su intención de visitar el país para participar en el Congreso de Emprendedores que espera recaudar al menos mil millones de dólares en inversiones para 2017.

“La pobreza por sí sola no causa el terrorismo o la violencia sectaria, pero las inversiones en emprendimiento y educación para los jóvenes son algunos de los mejores antídotos que tenemos para ese tipo de trastorno”, argumentó esta semana.

Alicia Alamillos – EFE

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