El último sueño de Erdogan: ¿Un segundo Bósforo para Estambul?

Cuando el entonces primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, lanzó en 2011 el macroproyecto “Canal de Estambul”, una especie de segundo Bósforo, lo tildó de “locura”, pero ahora parece más decidido que nunca a hacerlo realidad.

Erdogan, ahora ya presidente de Turquía, ha exhortado a su círculo de consejeros a que hagan lo posible para acelerar el proyecto, aún en fase de planificación, y terminarlo “cuanto antes”, sostienen los medios turcos.

Se trata de construir una vía de agua navegable entre el Mar de Mármara y el Mar Negro, paralela al Bósforo en el lado europeo, cuya primera utilidad sería acoger parte del denso tráfico marítimo que congestiona a menudo el histórico estrecho.

Pero a la vez, el “Canal de Estambul” se convertiría en un proyecto urbanístico de gran escala, ya que sería flanqueado por urbanizaciones de lujo que acogerían a unos 500.000 residentes.

Es la cifra difundida por el “Hürriyet”, notablemente más baja que la estimación inicial de 1,2 millones de nuevos habitantes.

El coste se estima de momento en 10.000 millones de dólares, aunque la cifra seguramente sea muy superior, señala el citado diario.

Se aclara también en parte el recorrido probable del canal, ya que hasta ahora no se sabía por dónde se trazaría la nueva vía acuática y circulaban tres mapas distintos, todos especulativos.

El canal arrancaría en la laguna de Küçükçekmece a apenas 18 kilómetros del centro de la ciudad, y cortaría el istmo en dirección hacia el noroeste, a través del municipio de Arnavutköy, aunque no se ha especificado el lugar donde desembocaría en el Mar Negro.

El trazado planeado sería de 43 kilómetros, y el canal tendrá una anchura de 400 metros, con una profundidad de 25 metros, siendo así navegable hasta para los mayores barcos mercantes.

Esto permitirá aligerar el denso tráfico marítimo en el Bósforo, vía por la que en 2014 pasaron más de 26.000 buques.

Ahora, cuando hay mal tiempo o niebla, los barcos deben esperar varios días hasta que reciben permiso para cruzar el estrecho, y hasta tres semanas en el caso de los grandes petroleros, que deben observar precauciones especiales.

El último gran accidente marítimo ocurrió en 1999, pero persiste el temor a una nueva catástrofe ecológica en caso de que vuelva a accidentarse un petrolero.

Pero no está claro si el “proyecto loco”, cuya inauguración se ha previsto inicialmente para el año 2023, pondrá fin a estos riesgos o constituirá en sí mismo otra amenaza ambiental.

Ya el año pasado, varios expertos concluyeron que sin un exhaustivo estudio de impacto ambiental, abrir un canal entre dos mares podría traer consecuencias insospechadas.

No sólo el equilibrio de la fauna mediterránea y la del Mar Negro se podría ver afectado sino que el canal también atravesaría las colinas al noroeste de Estambul, de donde la ciudad ahora recibe gran parte de su agua potable.

Además, parte de la intención del proyecto parece ser electoral, con la vista puesta en los comicios generales de junio, explica a Efe el politólogo y urbanista Tarik Sengül.

“Ya en las últimas elecciones (en 2011), los macroproyectos como el tercer puente del Bósforo o el tercer aeropuerto eran el tema principal de campaña, y Erdogan ganó aquellos comicios. Ahora vuelve a sacar el asunto”, afirma.

“Exigir que los proyectos se hagan antes de lo previsto también es una actitud frecuente en el presidente: pidió que el tercer puente, actualmente en construcción, se completara en dos años en lugar de tres. Visitó las obras en helicóptero, pidiendo más prisa, y al día siguiente murieron dos obreros al caerse de un andamio”, recuerda.

Pero no se trata de un mero discurso electoral sino de un intento de dinamizar la economía turca, algo esencial para mantener a la población satisfecha con la gestión del Gobierno, añade Sengül.

En las elecciones de junio el partido islamista turco AKP aspira a obtener una gran mayoría para poder modificar la Constitución, con el objetivo de instaurar un sistema presidencial que dé más poder a Erdogan.

El AKP, en el poder desde 2002, “ha vinculado su futuro al sector de la construcción y a los grandes proyectos, pero ahora, las señales que emite la economía no presagian nada bueno”, analiza.

El Banco Mundial ha reducido sus previsiones de crecimiento en 2015 para Turquía del 3,5 al 3 %, mientras que la inflación para este año se calcula que sea de más del 7 %.

Desde hace años, la economía turca está basada en el flujo de capital extranjero, especialmente de las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, y el sector de la construcción, con una inflación algo por debajo del 10 %.

El sobrecalentamiento preocupa a muchos economistas, que todavía creen posible un “aterrizaje suave”, aunque éste será más difícil si el país sigue endeudándose.

Dogan Tilic – EFE

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