El peligroso viaje que emprenden miles de bengalíes y rohingyas cada año

Miles de bangladesíes y miembros de la minoría étnica rohingya se embarcan cada año, en busca de un lugar mejor en el Sudeste Asiático, en un peligroso viaje que para unos acaba con la muerte en el mar o en manos de los traficantes.

El peligroso viaje que emprenden miles de bengalíes y rohingyas cada año

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que unas 53.000 personas partieron de Bangladesh y Birmania (Myanmar) en 2014.

Este año, unas 25.000 bengalíes y rohingyas han abandonado sus países en tan solo los tres primeros meses, de acuerdo con los datos del ACNUR.

Los rohingyas escapan de la “persecución institucionalizada” y de “delitos atroces” que sufren en el estado de Rakhine, en el oeste de Birmania, país que no les reconoce la nacionalidad y les clasifica como inmigrantes bangladesíes, según la Organización Nacional Rohingya de Arakan.

“Los musulmanes rohingya de Arakan (el nombre anterior de Rakhine) están desesperado y por eso aceptan un viaje peligroso a otros países de la región en busca de refugio”, indicó la organización hace una semana.

Los bengalíes abandonan un país de 156 millones de habitantes en el que, pese a los avances para combatir la pobreza, la desnutrición y la mortalidad infantil y mejorar la escolaridad, el 26 por ciento de la población vive con menos de dos dólares diarios.

Los pasajes se venden por 100 o 200 dólares, una cantidad importante para las familias de bajo poder adquisitivo.

Algunos parten con la promesa de un trabajo al final del viaje, otros solo con la esperanza y los más afortunados tienen a un familiar que los espera en el país de destino.

“Cada año, decenas de miles de rohingyas huyen la terrible situación de los derechos humanos en Birmania tan solo para caer en las manos de los traficantes en Tailandia, que abusan de ellos y los explotan”, dijo este mes el director para Asia de Human Rigths Watch, Brad Adams.

Las declaraciones de Adams respondían al descubrimiento en la jungla del sur de Tailandia de un campamento clandestino de los traficantes de personas con decenas de tumbas con restos humanos.

“En lugar de encerrar a los rohingyas en campamentos fronterizos o centros de inmigración, el Gobierno debería proporcionarles protección y seguridad”, indicó el activista.

El primer campamento clandestino condujo al descubrimiento de otros y de un número mayor de tumbas.

Según la investigación, los inmigrantes permanecían cautivos hasta que sus familiares pagaban un rescate y entonces podían continuar.

“Algunas de las víctimas fueron vendidas para trabajar en barcos pesqueros o plantaciones”, según la Organización Nacional Rohingya de Arakan.

El primer ministro de Tailandia, Prayuth Chan ocha, dio el pasado miércoles un plazo de 10 días a las fuerzas de seguridad para desmantelar los campos y detener a los culpables.

Desde entonces, una veintena de tailandeses, incluidos políticos locales, han sido detenidos y más de 50 policías han sido trasladados por negligencia.

La operación en Tailandia ha contribuido a aflorar los barcos con inmigrantes indocumentados en la región: Malasia ha rescatado a 1.051 entre el domingo y el lunes, e Indonesia ha salvado a 582 el domingo y desviado hacia territorio malasio a otros 400.

Malik, de 45 años, una de las personas rescatadas en Indonesia, relató que cuando embarcó tenía planeado solicitar refugio en Malasia, pero le engañaron y el barco acabó en aguas de la isla de Sumatra.

Los inmigrantes indocumentados tendrán la oportunidad en Indonesia y Malasia de solicitar el estatus de refugiado y obtenerlo si pueden demostrar que son perseguidos en su país.

Los rohingyas forman unas de la minorías musulmanas más perseguidas del mundo, según las Naciones Unidas, y en Bangladesh son extranjeros y en Birmania, bengalíes.

La OIM calcula que hasta 8.000 inmigrantes ilegales se encuentra de camino o atrapados en algún lugar del Sudeste Asiático.

Marco Zabaleta – EFE

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