Día de las madres para las que no somos mamás

Ingeniera Industrial, ex Viceministra de Minas y Energía (2010-2012), docente universitaria, asesora y consultora en temas de energía e industria

Para las mujeres que pasamos los 30, o peor aún, si ya estamos cerca de los 40 años como es mi caso, esta época del año se puede volver cada vez más tortuosa. Solamente en las últimas dos semanas tres hombres, de diferentes edades, me preguntaron si ya soy mamá. Me limité a decirles que no, para no entrar en explicaciones que considero muy personales. Como consecuencia, los más atrevidos -por no decir retrógrados, machistas, manipuladores- me pontificaron sobre que “ya es hora” o me mostraron una cara de desaprobación.

Seguramente esto se suma a que me muevo en ambientes mayormente masculinos, como el de la ingeniería, la energía y la política.

Cuando estudiaba ingeniería, hace casi 20 años, éramos sólo un 10% de mujeres aproximadamente, si bien tuve la suerte de tener bastantes más compañeras en la carrera que elegí, ingeniería industrial. Hoy están por el 30% así que en algo estamos mejorando.

Las cifras no han mejorado a nivel profesional, ya que la maternidad ha influido en retrasar el desarrollo profesional de las mujeres, en todos los campos, ni que decir en los puestos más importantes, donde somos uno de los países con las peores estadísticas de toda América Latina y el Caribe.

Pero no quería hablar del machismo y la falta de apoyo o discriminación positiva hacia el 50% de la población para su desarrollo integral, sino de lo que pasamos las mujeres que por opción o no, no somos madres después de los 30 años.

En mi caso, mi decisión durante la adolescencia, apoyada por mi familia, fue recibirme antes de casarme o tener hijos. De ahí, cuando estaba por los 25 años y los casi 38 que tengo ahora, pasaron muchas cosas, que por diferentes motivos, me han llevado a no ser madre hasta ahora. Tengo varias amigas en la misma situación y quiero nomás decir al respecto lo siguiente:

-No andamos por la vida preguntando a cada varón de más de 30 años si tiene hijos y mirándolo mal si no los tiene. Deberíamos tener el mismo respeto hacia las mujeres.

-El planeta está súper poblado.

-La opción de no tener hijos o hijas puede ser tan valiente como tenerlos, en un mundo y un país con tantos embarazos indeseados, deberíamos respetar igual a las que deciden en un sentido u en otro. Creo que un bebé debe ser muy deseado y querido, y si tenemos la oportunidad de decidir, nos tiene que nacer querer tenerlo. Sin hijos, igual tenemos mucha gente a quién querer, cuidar, proteger, y tenemos mucho que hacer por tener una sociedad solidaria, la familia no es la única forma.

-Hay muchos niños esperando ser adoptados en Paraguay, aunque sea complicado, creo tendríamos que admirar tanto o más a las que toman esa decisión hermosa.

-Muchas mujeres que no tienen hijos, lo están intentando hace mucho o no pueden tener hijos. Estar todo el tiempo presionándolas con eso puede ser ofensivo, irrespetuoso, mala onda y empeorar las cosas.

-Muchas mujeres quieren tener hijos pero también quieren un compañero que quiera hijos igual que ellas, lo que no siempre sucede, y creo que es muy valiente decir que “no” si no se sienten seguras. Por otra parte, es igual de valiente también asumir la crianza solas, pero no todas las mujeres son así de fuertes.

A veces la presión para tener hijos viene también de otras mujeres. Es lógico. Ya nos enseña Paulo Freire que la cultura hegemónica, la del opresor, es casi siempre adoptada por el oprimido. Y la sociedad capitalista, si no crece, muere y además necesita un ejército de desocupados que regule el mercado de trabajo a la baja. Así que, filosóficamente, tratan de convertirnos -encima gratuitamente, pues nadie te paga por ser madre- en reproductoras de mano de obra barata. Y las mujeres lo asumimos con todo, presionando a las mujeres que, queriendo o no, no son madres. Por eso, me remito a lo anterior para las mujeres también, que a veces se olvidan de ponerse en el lugar de las que no somos madres.

Así como es desagradable que te excluyan de una conversación, cualquiera sea, hablándote de algo que no sabés, es muy desagradable que un grupo de mujeres en alguna actividad social, se pasen horas hablando de sus bebés y cuando vos -sin ser madre- opinás, encima te rematan con un “no es lo mismo, tenés que ser mamá para saber”.

Creo que las mujeres tenemos mucho de que hablar, también por su puesto de los hijos que son algo maravilloso me parece, pero si es el único tema de toda la reunión, podemos ser muy poco empáticas y de paso mostrar una pobre cultura general.

Por supuesto que hay temas más preocupantes con relación a la maternidad, faltaría hablar de todo lo que pasa una mamá en un país como Paraguay, la discriminación, la pobreza, la exclusión. No resto importancia estos temas, es sólo recordar que podemos hacer también la vida de las demás un poquitito mejor en cosas que no son casi importantes pero que pueden ayudar como un granito de arena.

Con mis amigas, algunas madres y otras no, varias tan maduritas como yo, hablamos más que nada de política, economía, de nuestras organizaciones y de las cosas de la vida, entre ellas, la maternidad y los niños. Podemos hacer todo eso.

¿Pueden intentarlo los padres y madres también?

Este artículo fue escrito en mayo de 2014

 

Un Comentario

Pedro Cesar Cardozo Cano

Enmanuel Kant, intelectural, cuando levantó cabeza y pensó que era hora de casarse se encontró con que ya tenía 80 años.. a veces, los intelectuales, los profesionales o sencillamente quienes se dedican al servicio de los demás llegan a enaltecer los valores de la solidadridad, la nobleza trascendente del espíritu que a cambio de la progenie biologica se empeñan en cultivar el verdadero amor generoso no a uno en especial sino a una multitud a través del servicio para hacelos también feliz y viceversa..

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