Phare, un circo fundado por refugiados del genocidio camboyano

El circo y proyecto social Phare, fundado por refugiados del genocidio del Jemer Rojo, reúne estos días en Phnom Penh a compañías circenses y bailarines de cinco países de Asia y Europa en el festival internacional Tini Tinou.

Phare, un circo fundado por refugiados del genocidio camboyano

Bajo una luz rojiza, Sokha se contorsiona atormentada por las pesadillas, finalmente, en una posición inverosímil, tensa la cuerda de una arco que sujeta con los pies, dispara y explota un globo, que representa sus malos sueños.

“Sokha es una mujer que escapa de Camboya y trabaja duro a pesar de tener pesadillas por la etapa del Jemer Rojo, pero decide volver, ayudar a los niños y reconstruir el país mediante el arte,” cuenta acerca de su papel la contorsionista Pin Phounam.

La historia está basada en uno de los diez fundadores de la escuela de artes de Phare Khuon Det, que llegó junto a su abuelo a un centro de refugiados en Tailandia en 1979 después de que el Ejército vietnamita invadiese Camboya para combatir al Jemer Rojo.

En los tres años y medio que Pol Pot y sus partidarios controlaron el país, uno de cada cuatro camboyanos murieron, incluyendo al 90 por ciento de los artistas.

Cuarenta años después, los jóvenes artistas de Tini Tinou no vivieron el horror de esa época pero sí las consecuencias de una nación que, como describe Phounam, “empezó de cero”.

“Hay muchos problemas en el mundo y muchos en mi país, la pobreza, la corrupción… a veces la gente mayor dice tienes suerte de haber nacido en estos tiempos, después del Jemer Rojo, pero en realidad no es fácil”, opina la artista camboyana.

La contorsionista comenzó a trabajar recogiendo basura con 7 años junto a sus hermanos, levantándose cuatro horas antes de que empezase el colegio para poder ayudar a una familia marcada por el alcoholismo de su padre.

“A los 13 entré en Phare, me ayudaron a educarme y me acogieron en su centro de formación”, relata Phounam sobre la ONG escuela de Battambang, al noroeste del país, que acoge y educa hoy en día a 1.200 alumnos en situación de necesidad.

La organización abrió un circo en 2013 en la turística ciudad Siem Reap, que da trabajo a alguno de los estudiantes y financia la escuela, fundada en los años noventa.

Algunos de estos adolescentes han acudido al festival, cuyo objetivo es que los participantes “compartan y aprendan”, asegura Huot Dara, uno de los directores del centro educativo.

Gimnasia rítmica suiza, magia vietnamita, acrobacias taiwanesas y franco-portuguesas, todo tiene cabida en los talleres que mezclan la armonía del circo camboyano tradicional con la pasión del circo contemporáneo.

“En Taiwán invitamos a maestros a seminarios para que nos enseñen, es la manera tradicional de aprender, (…) pero queremos crear más ideas, más formas de darle significado a las historias”, comenta el coreógrafo taiwanés Tsung-Hsuan Lee tras alabar la creatividad del “nuevo circo europeo”.

Bajo la carpa, la mezcla de los talleres se disipa y comienza la magia circense para un público formado por algún turista, extranjeros occidentales residentes en Camboya, nacionales de clase alta y colegios invitados por Phare.

El festival termina el 16 de mayo tras pasar por Phnom Penh, Siem Reap y Battambang, y el precio de la entrada varía según la ciudad entre 35 dólares y 10 dólares (de 31,2 a 8,9 euros) para los adultos, con precios reducidos para los niños.

A pesar del apoyo de los patrocinadores internacionales, y aunque la organización asegura que la clase media esta impulsando la cultura en Camboya, la joven Phounam no “ve claro el futuro”.

“Intenta ser buena persona, honesto, no te corrompas, reconstruye el país y comparte, el pasado es el pasado, quizás no se necesite hablar de ello más”, reflexiona la artista.

Ricardo Pérez-Solero – EFE

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