Las azoteas de Bangkok, un vivero de superalimentos como la spirulina

Las azoteas de Bangkok pueden dejar de ser terreno baldío: una innovadora empresa tailandesa ha fijado un vivero en el techo de un céntrico hotel capitalino para el cultivo de spirulina, una alga rica en proteínas, vitaminas y nutrientes.

Las azoteas de Bangkok, un vivero de superalimentos como la spirulina

Este alimento, de color verde azulado, “ha sido utilizado en programas contra la malnutrición” en lugares como India o partes del continente africano “gracias a sus altas cualidades nutritivas”, explica a Efe el director de producción y recursos de la empresa EnerGaia, Patsakorn Thaveeuchukorn.

Miles de litros de espeso jugo verde burbujean bajo el tórrido sol que abrasa la vigésimo séptima planta del hotel Novotel Siam Square, ubicado en el corazón comercial de la capital tailandesa.

“Pensamos que Bangkok tiene muchos espacios vacíos en las azoteas de los edificios altos. Contactamos con este hotel y apoyaron nuestra idea desde el principio”, señala Patsakorn.

La constante exposición solar unida a las altas temperaturas que se registran durante todo el año convierte estos terrados en un emplazamientos con unas condiciones favorables para el cultivo de spirulina, destaca el experto.

Sin necesidad de abono, pesticidas y otros productos químicos, ya que crece dentro de grandes barriles con agua alcalina, el vivero ha sido destacado como un modelo pionero de “huerto urbano”.

Este tipo de alga, que además de ser un importante complemento alimenticio para vegetarianos y veganos como alternativa a las proteínas de origen animal, puede ayudar a combatir los niveles de dióxido de carbono de las grandes ciudades a través del proceso de la fotosíntesis.

Tres veces por semana, los operarios recolectan la planta acuática, que puede llegar a doblar su tamaño cada 24 horas, en una cosecha que cada mes asciende a los 500 kilos.

El equipo de EnerGaia se encuentra en proceso de buscar nuevas fórmulas para acercar los potenciales clientes a estas algas que generalmente se venden en pequeños comprimidos o en forma de polvo.

“Trabajamos en crear nuevos productos con mayor longevidad. Ahora la suministramos como una especie de pasta fresca que se puede comer directamente, mezclar con bebidas o combinada con otro tipo de comidas, pero que expira a las tres semanas en el refrigerador”, comenta el tailandés.

Con un sabor “neutral”, la empresa emergente ha sacado al mercado un tipo de tallarines y macarrones al que se le aporta una dosis de spirulina y continúan con el “ensayo-error” para encontrar nuevos géneros, revela Derek Blitz, director tecnológico de la compañía.

En el centro de belleza emplazado en el hotel donde cree este producto también se oferta masajes corporales y tratamientos faciales con spirulina, útil en tratamientos antiinflamatorios.

Tailandia es el tercer exportador mundial de spirulina, por detrás de China e India y por delante de Estados Unidos, en un mercado para el que aún no existen productores a escala mundial.

En la capital tailandesa, un frasco de unos 100 gramos de spirulina cuesta cerca de 5 dólares (4,5 euros), un precio alto para que la población en países en desarrollo pueda acceder a este producto rico en nutrientes.

El empleo de este algo como alimento no es algo reciente. Las poblaciones aztecas asentadas en las cercanías del lago de Texcoco las recolectaban, secaban y asaban, para consumirlas con el nombre de “tecuitlatl”, traducido como: “producto de piedra”.

En otras zonas del mundo, como el lago Chad, en África Central, o en algunos acuíferos de Birmania (Myanmar), también crece de manera natural este organismo rico en proteínas, vitaminas y nutrientes.

Noel Caballero – EFE

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