La peregrinación judía de Yerba eleva el ánimo y las esperanzas de Túnez

Unida al continente africano por una estrecha lengua de tierra, la isla de Yerba navega a través de los siglos ligada a mitos pasados y futuros: fue en sus azules costas donde Odiseo convivió con los Lotófagos y la ciudad pirata de Mos Easly, en la que Luc Skywalker cruzó su destino con Han Solo.

La peregrinación judía de Yerba eleva el ánimo y las esperanzas de Túnez

Un espacio de apenas 500 kilómetros cuadrados -lo que la hace la isla más grande del norte de África- que vive principalmente del turismo masivo de sol y playa y en el que estos días el gobierno tunecino ha dirimido una prueba que entiende crucial para su futuro: demostrar que Túnez es aún un paraíso seguro.

“Necesitábamos buenas noticias. Y que la fiesta judía se celebrara con la normalidad de otros años es una buena noticia. La pena es que haya venido tan poca gente”, explica a Efe Hasan, gerente de uno de los hoteles-caravansar que salpican Hamat Souk, el principal núcleo de población de la isla.

La fiesta de Lag Be Omer, una de las muchas que rocían el calendario judío, arrancó el pasado miércoles con una procesión en la fortificada sinagoga de Al Ghriba, considerada la más antigua del Norte de África.

Unos 600 judíos, alrededor de 200 de ellos llegados de Francia, el Reino Unido, Italia e incluso Israel sacaron sus vestidos de gala para homenajear a los sabios, cantar a la primavera, prender velas y escribir deseos en huevos.

Una tradición -que concluyó este fin de semana- solo empañada por la advertencia días antes del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien sugirió a los judíos no viajar a Túnez “ante la posibilidad cierta” de que se produjera un atentado yihadista como el que meses atrás costó la vida a 20 de turistas en la capital.

Indignado con las palabras del líder derechista y sabedor que un nuevo golpe asestaría la puntilla definitiva a la maltrecha economía del país, el gobierno tunecino ordenó un despliegue de seguridad sin precedentes en la isla.

Las diferentes carreteras se llenaron de inusuales puestos de control y unidades especiales de lucha antiterrorista de la Guardia Nacional y el Ejército fueron trasladadas a esta isla, en la que viven en torno a 150.000 personas.

Incluso los autobuses de turistas llegados en viajes organizados gozaron de escolta policial en su desplazamiento desde los lujosos hoteles balneario de la costa a la judería que reposa en el centro de la isla.

“Soy de Israel. Y estoy aquí bebiendo Bukha (licor de dátil) con mis amigos musulmanes. Y estamos muy contentos”, explicaba a Efe sin bajar la voz Dani Maimun, un judío de origen tunecino ahora afincado en la ciudad israelí de Ashdod.

Enfrente, sentado en una larga mesa plagada de pescado, Haim Raiv, compartía su idea de que “estamos muy seguros” y se quejaba que el miedo incitado en los últimos meses afectara de forma tan pésima al negocio.

“Este año hemos tenido para un autobús. En los buenos tiempos, llenábamos cuatro o cinco”, explicaba Raiv, descendiente de sefardíes y director de una agencia de viajes en la citada ciudad costera israelí.

El descenso este año de peregrinos judíos es una constante desde que en 2002 una bomba colocada por la red terrorista internacional Al Qaeda junto a la sinagoga Al Ghibra (la solitaria) segara la vida de una veintena de personas, en su mayoría turistas.

Y está en consonancia con el desplome que el turismo en general ha sufrido en Túnez desde el impactante atentado del pasado 18 de marzo en el museo de el Bardo, el más importante del país, que asumió un grupo yihadista local.

Desde entonces, se han sucedido las cancelaciones de viajes organizados y la mayoría de las compañías han abandonado la escala en el país norteafricano en las diferentes rutas que los grandes cruceros hacen por el Mediterráneo.

Los grandes hoteles, que ofrecen lujosos paquetes de talasoterapia a la vera de extensos y exóticos arenales con palmeras y aguas cristalinas están casi vacíos y solo el turismo alternativo y local ofrece un respiro.

“Esta temporada está perdida. Pero si Túnez puede mantener la seguridad durante los próximos meses, probablemente se pueda recuperar pronto”, explica un fuente diplomática europea, que prefiere no ser identificada.

“Y lo necesita porque las transformaciones políticas se pueden desvanecer si no hay una recuperación económica. El turismo es crucial, como lo es la exportación de fosfatos, ahora también tocada por la huelga”, advierte.

Cae la noche, y en el caravanserai de Hasan las sillas que se alinean bajo los arcos del patio se llenan de parroquianos que piden cerveza y comentan las novedades de un día con más policía de lo usual.

Yerba recupera entonces su ritmo cansino, esperando que el reverso tenebroso del yihadismo se desvanezca como una amenaza fantasma, y el país gane la guerra de Troya al terrorismo y encuentre el camino a una Ítaca de prosperidad y libertades.

Javier Martín – EFE

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