Oona Chaplin: “Me interesa mucho más la vida fuera del cine”

Oona Chaplin acaba de volver del Festival de Cine del Sahara, sus manos pintadas con henna le delatan. En estos momentos es casi tan famosa por su apellido como por la escena de “la boda roja” de “Juego de Tronos”, pero ella insiste en que le interesa más “la vida fuera del cine”.

Oona Chaplin: “Me interesa mucho más la vida fuera del cine”

“Yo sigo probando, pero me interesa más la vida fuera del cine y aún no tengo muy claro lo que quiero hacer de mayor”, asegura en perfecto español la actriz, hija de Geraldine Chaplin, nieta del gran Charlie y nacida en Madrid hace 29 años.

Con residencia actual en Londres, aunque su infancia nómada le marcó, Oona promociona estos días en España el drama romántico “The longest ride”, basado en una novela del superventas Nicholas Sparks, donde comparte protagonismo con otro actor con la interpretación en las venas, Scott Eastwood, hijo de Clint.

En ella se mete en la piel de Ruth Levinson, una emigrante judía en Carolina del Norte en los años 40, enamorada del arte y de un hombre, Ira (Jack Huston), por el que es capaz de renunciar a sus sueños más ansiados.

Esa historia de amor sucede en realidad en un “flashback”, y la trama principal cuenta otra relación amorosa, la de un “cowboy” que se dedica al rodeo de toros (Scott Eastwood) y una universitaria que sueña con trabajar en una galería de arte (Britt Robertson).

“A mí me gusta más nuestra historia”, declara. “Tiene retos de verdad y un conflicto más profundo, mientras la de ellos entra en el romance facilón moderno. En el set les llamábamos Barbie y Ken a los rubios, y nosotros éramos Action Man y Wonder Woman. Son guapos y enternecedores, pero yo siempre he sido más de morenos”, sentencia.

Mientras habla con los periodistas, Oona Chaplin, vestida con falda y pañuelo “hippies”, da buena cuenta de un plato de jamón y unas rebanadas de pan con tomate. “Soy vegetariana, menos cuando vengo a España”, se justifica.

Sabe perfectamente que en un momento de la entrevista llegarán las preguntas sobre su familia y dispara con la misma naturalidad que el resto de sus respuestas.

“Es muy difícil reconciliar la imagen de Charlot con un abuelo, pero inspira tenerlo como figura tan cercana. Si hay un ejemplo de lo que uno puede hacer con una vida, es él”, afirma. Acto seguido sus ojos se humedecen al recordar lo que los saharauis le decían en los campos de refugiados.

“En una situación extrema, de desolación, la gente me decía, conmovidísima, que las películas de mi abuelo fueron de las primeras que pasaron en los campamentos, que les gustaban y las entendían. Imagínate: arena, estrellas y las películas de mi abuelo”, señala.

En cuanto a su madre, Geraldine, que se estableció en Madrid tras el rodaje de “Doctor Zhivago” (1965), la define como “una payasa muy sabia” de la que ha aprendido más por ejemplos vivos que por consejos orales.

“Tiene una capacidad de concentración increíble, una gran generosidad, respeto al trabajo y sentido del humor. Ella siempre dice que no hay que tomarse la vida muy a pecho: ‘Intenta hacer bien lo que hagas, pero ríete en el camino; si no, no vale la pena'”, resume.

Pese a toda esa herencia, o precisamente por ella, Ooona Chaplin se lo pensó mucho antes de matricularse en la Royal Academy of Dramatic Art (RADA) de Londres. Ahora disfruta del momento, tras la repercusión de su trabajo en la serie “Juego de Tronos”.

“Hay un antes y un después”, admite. “A veces me reconocen más por la ‘boda roja’ que por el nombre. Las Chaplin somos 27 primas, mucha gente se lía. Y en ‘Juego de Tronos’ también somos muchos actores”, compara.

“El caso es que la combinación me está dando muchas oportunidades. También mucha mierda, hay muchos guiones malos, pero sí me llegan cosas más interesantes que antes”, precisa. EFE

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