París, tras los pasos del hip hop

Nació en las fiestas del sur del Bronx neoyorquino de 1973, se esparció por Europa a partir de los años ochenta y tomó las calles árabes de la primavera revolucionaria entrado el siglo XXI. Ahora, la contracultura universal del hip hop se instala en el Instituto del Mundo Árabe de París.

París, tras los pasos del hip hop

“Estamos frente a un movimiento que revoluciona la forma de hacer música, de expresarse, de vestirse y de moverse; una revolución que llega hasta las artes plásticas”, dice el rapero francés Akhenaton, director artístico de la muestra “HIP HOP. Del Bronx a las calles árabes”, visitable hasta el próximo 26 de julio.

Consiste en un universo sonoro y visual “underground” de 250 obras desplegadas en 1.000 metros cuadrados, que arranca transportando al visitante al Bronx afroamericano y latino de los setenta, entre radiocasetes, zapatillas, gorras y fotografías en blanco y negro.

El emergente movimiento bebía entonces del free jazz de Max Roach, de los ritmos africanos o caribeños como el ragga (versión rapeada del reggae) y del gospel… hasta que empezaron a aparecer bandas como The Last Poets o Public Enemy.

El recorrido avanza cronológicamente por la historia de un movimiento que puede descomponerse en cuatro grandes ejes: el “Rap”, que consiste en recitar rimas; el “Djing” o “Beatmaker”, el arte de mezclar y crear sonidos en las pletinas; el “Breaking Dance”, el acrobático baile adscrito a la música; y el “Grafiti”, el arte de pintar muros con aerosoles.

La exposición da cuenta también de la dimensión política del hip hop: los gritos en rima consonante de las luchas antirracistas en Estados Unidos, de los barrios conflictivos de Francia y de “una juventud en busca de libertad en las sociedades del mundo árabe”, resumen los organizadores.

“El hip hop ha pasado de ser un fenómeno ‘underground’ a una de las formas de expresión más poderosas de la escena cultural mundial”, hasta simbolizar “la historia de una revolución y de una estética extraordinaria”, agrega el Instituto del Mundo Árabe, que dirige el exministro de Cultura francés Jack Lang.

La exposición no se entretiene, sin embargo, en los aspectos más oscuros vinculados al hip hop donde abundan las mafias, las bandas y las escaramuzas.

De ellos dan cuenta películas como “Hip-Hop: Beyond Beats and Rhymes”, de Byron Hurt, o libros como “Gangsta-rap”, que firma Pierre Evil, pseudónimo del consejero que actualmente escribe los discursos del presidente de Francia, François Hollande.

Con una escenografía marcadamente musical (desde los raperos franceses Imhotep a los palestinos Stomtrap, pasando por los tunecinos Armada Bizerta) la muestra agasaja al visitante con una amplia producción audiovisual que incluye una clase magistral en vídeo para dar los primeros pasos en la mesa de mezclas haciendo “scratch”, “drumming” o “beat juggling”.

Entre grafitis de JonOne, Mode 2 o Evol y fotografías de Jannette Beckman, Yoshi Omori o Themba, el cosmos urbanita del hip hop aparece también en extractos de entrevistas, documentales y reportajes que muestran, por ejemplo, cómo esa corriente popularizó las zapatillas deportivas hasta convertirlas en una prenda global.

Uno de los fetiches que más valoran los “hiphoperos” del Bronx, muestra una proyección, son los grandes y coloridos cordones que rematan las zapatillas, que limpian y decoran con el esmero de un relojero suizo: los hay que llevan un cepillo de dientes en la oreja por si se presenta la urgencia de tener que abrillantar el empeine.

“Sin esos accesorios las zapatillas no están bien, son como un chile con carne sin judías”, ilustra un latino en un vídeo que relaciona la importancia del calzado y el hip hop a través del metro, donde no se mira a la cara de los viajeros pero se pasa mucho tiempo observando sus pies.

La muestra, que completan coloquios, eventos y debates, desembocará en la decimoquinta edición del festival París Hip-Hop 2015, que entre los próximos 19 de junio y 6 de julio reunirá a 400 artistas relacionados con un movimiento que tiene ya más de cuatro décadas de vida. EFE

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