Putin relata su drama familiar durante la invasión alemana

Poco dado a las confesiones a corazón abierto, el presidente ruso, Vladímir Putin, relata el drama vivido por su familia durante la invasión nazi, en un artículo donde alude por vez primera a la muerte de su hermano.

“Por supuesto, hubo dolor, infortunio y tragedia. Pero ellos no sentían odio hacia sus enemigos. Eso sí es sorprendente. Aún ahora, sinceramente, no puedo entenderlo del todo”, escribe Putin en la revista “Russki Pioner”.

En vísperas del 70 aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi, Putin se animó a contar en detalle las desventuras que vivieron sus padres, sucesos cuya veracidad fue corroborada por otras fuentes, según el artículo.

El padre de Putin, Vladímir, sirvió como marinero en un submarino en el puerto de Sebastopol (1939), península de Crimea, y después trabajó en una factoría militar hasta el estallido de la guerra (1941).

Pese a que su puesto de trabajo le eximía de ser llamado a filas, Vladímir se apuntó como voluntario y fue destinado a una unidad de sabotaje creada por el NKVD (Comisariado Popular de Asuntos Interor), precursor del KGB, órgano donde acabaría trabajando su hijo.

En una ocasión, “alguien les traicionó” y los alemanes les persiguieron hasta un bosque, donde el padre de Putin “salvó la vida al meterse en un pantano y respirar durante varias horas por una paja”.

“También recuerdo bien que me contó que a la cabeza del grupo estaba un alemán. Ciudadano soviético, pero alemán”, dijo.

Putin confirmó este extremo al recibir hace dos años un detallado informe del Ministerio de Defensa sobre esa unidad, que incluía nombres, apellidos y datos sobre sus integrantes, entre los que figuraba como jefe del grupo un alemán.

“Todo era igual que lo que me contó mi padre. De esos 28, del frente volvieron cuatro. En total, murieron 24”, destaca.

Seguidamente, Vladímir padre fue enviado a la “plaza del Neva” (a orillas del río homónimo), “seguramente el punto más caliente del sitio” de Leningrado, donde el Ejército soviético intentó romper el bloqueo nazi.

“Mi padre me contó que allí le hirieron. La herida fue grave. Todo la vida vivió con metralla en la pierna. (…) Gracias a Dios, lo conservaron la pierna. Se la podían haber amputado. Le tocó un buen médico”, relata.

Le salvó la vida un vecino de Petergof, cerca de San Petersburgo, quien, “sin dudarlo, le llevó hasta el hospital”, pese a que los alemanes martilleaban continuamente la orilla del río con su potente artillería.

“El vecino esperó en el hospital hasta asegurarse de que le habían operado. Entonces, dijo: ‘Bueno, ahora tú vas a vivir y yo me marcho a morir'”, rememora.

El padre de Putin, que murió en agosto de 1998, pensó que su salvador había muerto durante la guerra, “algo que le martirizó” durante toda su vida.

“Y entonces un día a principios de los años 60 vino de repente a casa, se sentó en la silla y rompió a llorar. Se había encontrado con su salvador. En la tienda. En Leningrado. Casualmente. Una oportunidad entre un millón”, apunta.

El líder ruso también menciona la muerte de su hermano, que había sido separado de sus padres y trasladado a un orfanato por las autoridades soviéticas para salvarle de la hambruna que sacudió con especial virulencia a los habitantes de Leningrado.

“Allí enfermó, según mi madre, de difteria, y no pudo sobrevivir. Ni siquiera le dijeron donde está enterrado. El año pasado una gente por propia iniciativa encontró el documento de mi hermano. Efectivamente, era mi hermano. Y ponía el lugar de enterramiento: el cementerio Piskarévskoye”, señala.

En cuanto le dieron permiso, el padre de Putin cogió las muletas y abandonó el hospital para reunirse con su esposa, María.

“Cuando llegó a casa, vio que los enfermeros sacaban cadáveres del portal. Y vio a mamá. Se acercó y le pareció que aún respiraba. Y le dijo a los enfermeros: ‘Aún está viva’. Contó cómo les obligó a que la subieran de nuevo a casa”, dice.

Putin cuenta que tras la guerra su familia emigró a la región de Tver, patria chica de sus abuelos, después de que su padre perdiera a cinco de sus seis hermanos.

“No había familia alguna donde no hubiera muerto alguien. Yo fui un niño tardío. Nací a los 41 años”, apunta Putin, quien nació el 7 de octubre de 1952.

Pese a que la madre de Putin también perdió a numerosos miembros de su familia durante la Gran Guerra Patria, como se conoce en este país al episodio soviético de la II Guerra Mundial (1941-45), no odiaba a los invasores alemanes.

“Mi madre era una persona muy suave, buena…Solía decir: ‘¿Qué odio se puede tener contra esos soldados?. Son gente sencilla y también perecieron en la guerra’. Recuerdo muy bien sus palabras: ‘Son igual de trabajadores que nosotros. Simplemente los echaron al frente'”, señala.

Putin reconoce que eso se contradecía con las enseñanzas que recibían los ciudadanos soviéticos en los libros y películas: “Los odiábamos. Es asombroso. Por alguna razón, ella no sentía nada de esto”.

Ignacio Ortega – EFE

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