Ayuda llega con cuentagotas fuera de la capital de Nepal

La ayuda llega con cuentagotas a los campamentos de las ciudades que se encuentran alrededor de la capital nepalí, según denuncian insistentemente cientos de personas que han optado por buscar sistemas de auto organización para cubrir las necesidades de niños y mayores.

Ayuda llega con cuentagotas fuera de la capital de Nepal

En Bhaktapur, a unos 10 kilómetros de Katmandú, cualquier descampado se ha convertido en un campamento. En uno de ellos, en Kamal Vinayak, alrededor de 1.200 personas se refugian bajo un techo multicolor de tiendas en el que se mezclan por igual los toldos de la Cruz Roja nepalí con los manteles de cocina.

Allí Arjun Konda, un profesor de inglés, hace las veces de coordinador de un grupo de jóvenes que se han encargado de que la poca ayuda que llegue sea repartida racionalmente y todo el mundo sea atendido.

“Vinieron los del Gobierno y nos tiraron unas tiendas, llegaron los de la Fundación Luterana Mundial (LWF) y nos dejaron comida y medicinas, pero no hay tanto y tenemos que repartirlo entre todos equitativamente”, dijo Konda a Efe, a quien eligieron en el campamento para ser el responsable organizativo.

“Tenemos algo de ayuda pero no es suficiente, nuestro número es muy grande y la ayuda que está disponible no es suficiente para nosotros”, agregó.

Afirmó que la gente llevó las reservas de comida que tenía en casa pero se están acabando. “El hambre puede aparecer en cualquier momento”, señaló.

Junto a él, Ramesh Pyajapati, un ingeniero de sistemas de 30 años, trata de ayudar para que las cosas lleguen y a conectar el campamento con una escuela aledaña convertida en pabellón de auxilio.

Los baños del colegio se han convertido en la letrina del campamento, pero se turnan para mantenerlos limpios porque saben que la insalubridad es ahora el principal enemigo y la puerta a las infecciones.

El soportal de la escuela se ha convertido en un pasillo lleno de personas que llegaron corriendo al lugar el sábado sabiendo que estaba construida para resistir terremotos y ahora se encuentran atrapados hasta que alguien les dé una solución.

“No podemos reconstruir nuestra casa por nosotros mismos, esperamos a que alguien venga a ayudarnos”, indicó a Efe Krishna Kumari, una bordadora de sombreros típicos nepalíes de 78 años, refugiada en el lugar con su hijo, su nuera y sus nietos.

Sabe que no puede estar allí para siempre, pero dice que no hay muchas alternativas.

“Tratamos de alquilar una habitación, pero no hay habitaciones que alquilar cuando no hay edificios”, lamentó.

EFE

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