Zoe Valdés: “A La Habana le costará mucho recuperar la decencia”

Como “una terapia, una cura” califica la escritora Zoe Valdés su último libro, “La Habana, mon amour”, que considera el más intimista y en el que, desde el exilio en el que vive desde hace 21 años, reescribe con nostalgia la ciudad que la vio nacer y a la que, dice, le costará “recuperar la decencia”.

Zoe Valdés: “A La Habana le costará mucho recuperar la decencia”

“Estaba en una especie de letargo por varias cosas que me habían sucedido y necesitaba esta sacudida” explica a Efe esta escritora, que vive en París, y a la que le ha resultado muy enriquecedor haber podido “viajar espiritualmente” a La Habana que conoció ya que no lo puede hacer físicamente.

Un viaje de regreso que no realizará hasta que haya en Cuba libertad y democracia, insiste Zoe Valdés (La Habana, 1959), que no ve con muchas esperanzas el acercamiento a Estados Unidos y considera “una pena” que “después de haber sufrido durante más de cincuenta años el comunismo, caigan en el peor de los capitalismos”.

En su opinión, a La Habana le costará mucho recuperar su esplendor, “y todavía costará mucho más recuperar la decencia” tras la “prostitución moral” a la que se han visto obligados los cubanos durante años y que “ha socavado generaciones”.

La Habana que escribe Valdés en este ensayo novelado, editado por Stella Maris, es la de sus recuerdos de niñez y juventud, sus juegos, lecturas y sus primeros amores, acompañados por “fantasmas muy reales”, como su madre y su abuela o “el hombre del paraguas negro”, con el que se casó a los 17 años y conoció París, ciudad en la que vive actualmente y en la que hay muchos sitios que se parecen a la capital cubana.

Entre muchos recuerdos de su infancia, asegura que sigue echando de menos la época en la que fue trapecista del Circo Nacional y la experiencia de volar a diario. De los más oscuros, los momentos duros y violentos que vivió en un albergue junto a la casa Bacardí.

Valdés relata también la “impresión” que de niña le produjo la casa de José Martí, encontrarse con sus manuscritos y sus cartas, el momento en el que sintió “energía literaria”.

“Si La Habana tiene que tener una voz, además de la de mi madre, es la de José Martí”, afirma la autora, que explica que ella escribe “de toda la vida”: “a los 11 años empecé un diario y a los 17 por primera vez un libro de poemas llamado muy pretenciosamente ‘Respuestas para vivir’ porque a esa edad, incluso a la de ahora, lo que hay son preguntas y no respuestas”.

Recuerda también “olores, colores y sabores” de esta ciudad en la que personas como su abuela, que fue actriz de teatro, hicieron del arte “una forma de evasión”: “la rutina era muy dura y para reinventar la realidad hacía una especie de cuento” que siempre acababa bien.

Lo que querían, asegura, era llevar “una vida normal”: “Ir a una librería, comprar un libro sin tener que esperar a que te lo presten, si no está en la lista de los libros prohibidos”.

La autora, que dice que La Habana “nunca se ha ido” de ella, explica cómo desde el exilio la nostalgia se mezcla con “cierta angustia” por “el distanciamiento y la reubicación de los espacios, la memoria de los personajes”.

El de Zoe Valdés es el primero de la colección “Ciudades y Letras” de la editorial Stella Maris, con la que pretende ofrecer a sus lectores una visión subjetiva de sus escritores sobre algunas urbes del mundo. EFE

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