El ocaso de los cuatro grandes del fútbol yugoslavo

Justo 23 años después del último campeonato de fútbol de Yugoslavia, el de 1991/1992, y de la violenta descomposición del país, sus cuatro grandes equipos, el Estrella Roja, el Partizan, el Hajduk y el Dinamo, malviven acosados por las deudas o boicoteados por la afición.

El ocaso de los cuatro grandes del fútbol yugoslavo

Dos de Serbia y dos de Croacia, fueron símbolos de la entonces federación comunista, con seguidores en cualquier rincón del que fue el país más próspero de la Europa socialista, pero también un símbolo del nacionalismo que acabó descomponiendo a Yugoslavia.

Los que fueron sus estrellas en los años finales de la Prva Liga, Davor Suker en el Dinamo; Predrag Mijatovic en el Partizan; Dejan Savicevic, del Estrella Roja; y Alen Boksic, del Hajduk, se marcharon del país poco después de aquella última temporada de 1991/1992 a grandes clubes de España, Italia y Francia.

El Estrella Roja fue el líder histórico de la Liga yugoslava. Campeón en 19 ocasiones, tocó la gloria en 1991, en la víspera del estallido de la guerra, al proclamarse ese año Campeón de Europa frente al Olimpique de Marsella y ganar la Copa Intercontinental ante el chileno Colo Colo.

Un cuarto de siglo después, el club afronta también los mayores problemas: tiene una deuda de 52 millones de euros que difícilmente podrá devolver y la declaración bancarrota parece inminente.

“El club no tiene hoy 52 millones ni tendrá tanto en un futuro próximo”, ha reconocido su presidente, Svetozar Mijailovic, que ha asegurado que esos problemas son heredados y que hará todo lo posible para preservar al club.

Su secretario general, Zvezdan Terzic, ha descrito la situación gráficamente: el equipo es un paciente con “respiración asistida”. Ya no hay dinero para pagar la calefacción o lavar las equipaciones.

La situación en el Partizan, el gran rival del Estrella Roja, no es mucho mejor: con casi 15 millones de euros de deuda, no paga los sueldos de jugadores y empleados desde hace cinco meses.

El club se ha visto forzado a pedir un crédito por 4 millones de euros para desbloquear su cuenta y poder funcionar, pero ha tenido que poner como garantía uno de sus centros deportivos.

En Croacia, el Hajduk de Split, en su época el favorito del presidente yugoslavo Josip Broz Tito, tuvo una época cómoda tras la disgregación de Yugoslavia, gracias al apoyo político de la recién independizada república croata pero también por sus resultados.

El descuido de las finanzas y la compra de futbolistas demasiado caros ha ido, sin embargo, dañando la situación del club en los últimos años.

En un intento de solucionar el problema, el Hajduk fue convertido en 2008 en sociedad anónima, un modelo que en un primer momento pareció funcionar pero que pronto no sirvió sino para generar más deudas.

Además, sus entrenadores no supieron reconocer a los grandes talentos que pasaron por sus filas y así se les escapó, entre otros, Luka Modric, atraído por el Dinamo Zagreb y que ahora juega en un gigante como el Real Madrid.

“El club funciona con dificultades”, se quejó recientemente su entrenador, el exbarcelonista Goran Vucevic, al explicar por qué el Hajduk, que ocupa el cuarto puesto de la liga en este momento, ficha jugadores de sospechosa calidad.

Su deuda ronda ahora 7 millones de euros.

De los “cuatro grandes”, sólo el Dinamo no tiene problemas financieros: tiene un presupuesto de 30 millones de euros y en los últimos diez años ha embolsado más de 200 millones por la venta de jugadores.

No obstante, este club, que avanza hacia su décimo título de campeón nacional consecutivo, no logra atraer a sus hinchas y en las gradas apenas se ven un millar de personas.

El motivo del boicot es Zdravko Mamic, vicepresidente del Dinamo, vicepresidente de la Federación de Fútbol croata y, según muchos, auténtico hombre fuerte del fútbol del país.

Aunque bajo su gestión mejoraron las finanzas del club, la afición le acusa de trabajar con poca transparencia y democracia.

Los aficionados, que oficialmente tienen el derecho a presentarse a puestos directivos, acusan a Mamic de impedir elecciones y de haber convertido el club, registrado como asociación de ciudadanos, en su “juguete familiar”, con su hermano, Zoran, como técnico, y su hijo, Mario, como gerente de jugadores.

Tanto el Dinamo como el Hajduk abandonaron la Liga yugoslava a finales de 1991, coincidiendo con la declaración de independencia de Croacia.

De hecho, los choques entre los seguidores del Dinamo y del Estrella Roja en un partido de liga de mayo de 1990 se consideran como el simbólico primer episodio de la guerra de la independencia croata. EFE

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