Parisinas en estado puro

Vestidas siempre a la moda y disfrutando de la vida en una combinación perfecta de elegancia y naturalidad, la idea de la parisina impertinente y a la vez refinada ha quedado grabada en el imaginario colectivo, pero ¿qué hay de verdad en ella?

Parisinas en estado puro

La Galería ArtCube de París pone en marcha “La parisienne”, una exposición en la que intenta plasmar con fotografías una idea sobre cómo son las mujeres de la ciudad y el “savoir faire” que las caracteriza.

Muchos son los que las han colocado delante de sus objetivos, ya sea vestidas o desnudas, posando o distraídas… Desde Cartier Bresson hasta Willy Ronnis todos han profesado una fascinación por desentrañar la esencia -o el secreto- de las parisinas.

En esta muestra, los fotógrafos Patrick Chelli, Sylvia Galmot y Daniel Waks ofrecen su visión particular de este cliché, presentando una mujer moderna que fuma y bebe y se columpia con gracia entre el mundo de la moda y la cultura.

“La mujer parisina no es como la de otras ciudades que corren por la calle con un café de Starbucks, ella prefiere tomar su tiempo, sentarse en una terraza y fumar un cigarro tranquilamente”, cuenta a Efe Jonathan Gervoson, comisario de la exposición.

Según Gervoson, uno de los mejores lugares para encontrar a las parisinas en estado puro es Sant Germain des Prés, uno de los barrios más típicos de París, situado en la orilla izquierda del Sena y donde se encuentra la galería.

Dice que así como las estadounidenses “comen hamburguesas, en Francia, la parisina come ‘baguette’ y queso”, un tópico quizás un tanto fácil que tiene su reflejo en algunas de las fotografías expuestas.

La mayoría de imágenes son posados, con mujeres bellas y bien vestidas en lugares icónicos de la capital, aunque también hay algunas perlas raras, imágenes robadas de mujeres leyendo en los bordes del Sena o esperando el metro: las verdaderas parisinas.

En París, las mujeres no solo llevan tacones y se visten de alta costura, una vuelta por la calle es suficiente para ver que las deportivas y los tejanos están a la orden del día, sin que ello les quite ni refinamiento ni individualidad.

Como escribió el periodista Jean-Louis Bory, “la parisina es un animal legendario. Como el unicornio. Sin que nadie la haya visto nunca, todos la conocen”.

Las revistas, el cine y la literatura han dado alas a un cliché surgido en el siglo XIX, cuando las parisinas ya despertaban fascinación entre sus vecinas de provincias.

Los hermanos Goncourt las definían así en su “Renée Mauperin”: “Ellas tenían todo lo que caracteriza a la parisina, sin ser bellas, encontraban la forma de ser casi bonitas con una sonrisa, una mirada, detalles, apariencias y relámpagos de animación”.

Ser parisina no es tanto una forma de vestir como una manera de comportarse, una forma de ser que representa a una mujer fuerte y segura de si misma, con una elegancia natural que no prescinde de impertinencia ni inteligencia.

Si bien las imágenes de esta exposición están muy marcadas por los tópicos clásicos, Chelli, Galmot y Waks han conseguido representar el paradigma de esta mujer con una rica personalidad.

Bella, divertida, sensual y tierna, pero, sobre todo, en perfecta simbiosis con las calles de una ciudad que respira modernidad e historia a partes iguales.

Mar Selvas – EFE

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