Incertidumbre sobre firma del acuerdo de paz en Mali

El acuerdo de paz para el norte de Mali, que debería rubricarse el 15 de mayo en Bamako, según deseo del gobierno maliense y de la llamada “mediación internacional”, corre el peligro de firmarse sin la participación de los movimientos tuaregs.

Incertidumbre sobre firma del acuerdo de paz en Mali

Los tuaregs, agrupados en la Coordinadora de Movimientos del Azawad (CMA, con el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad a su cabeza), muestran a diario su oposición a los términos del preacuerdo alcanzado en Argel el 1 de marzo pasado, pese a que en un primer momento dieron su beneplácito.

La consulta con sus “bases” tuaregs en la zona han revelado un gran descontento, ya que consideran que no se han tomado en cuenta algunas de sus principales reivindicaciones, entre ellas, el reconocimiento de la región al norte del río Níger como “Azawad”, la forma en que los tuaregs han llamado históricamente al territorio.

Además, exigen para el Azawad un estatus federal o una amplísima autonomía que el gobierno no está dispuesto a admitir, principalmente en la cuestión financiera, ya que los tuaregs exigen para la región una parte del presupuesto estatal mucho mayor que la que el gobierno ha ofrecido.

Tampoco han logrado que el gobierno acepte la inclusión en las Fuerzas Armadas Malienses, al menos las desplegadas en la región noreste, de los cientos de milicianos tuaregs con los grados y categorías que dicen tener y sin que se persigan los eventuales delitos (atentados, robos u otros) que podrían haber cometido en estos años.

Algunos analistas en Bamako sostienen que la CMA está usando un tono maximalista con la intención de llegar al 15 de mayo con ciertas demandas conseguidas, y que finalmente aceptarán firmar, pero hay voces, incluso dentro del campo “unionista” en Bamako, mucho más pesimistas.

El jefe de la oposición maliense, Soumaila Cissé, declaró ayer: “Anuncian la firma para el 15 de mayo cuando no pueden consensuar ni un párrafo, o el concepto mismo del Azawad. Esto no augura nada bueno, las fechas son demasiado apretadas. No son sino semillas de dificultades para el mañana”.

La presión para la firma del acuerdo llega sobre todo de la llamada “mediación internacional”, encabezada por el gobierno de Argel y en la que están representados la ONU, la UE, la Unión Africana, la Comunidad de Estados de África del Oeste o países como Francia o Burkina Faso.

Los tuaregs de la Coordinadora están apoyados por Marruecos (que en los últimos tiempos trata de influir en el escenario subsahariano en rivalidad con Argelia) y por algunos países petroleros árabes, sin olvidar numerosas ONG europeas con vínculos familiares con los tuaregs del MLNA.

Hay quien cree en Bamako que la ONU podría presionar más a la CMA mediante la amenaza de sanciones internacionales contra aquellos líderes que se opongan al acuerdo, y que apuestan incluso por convencer a una parte de la Coordinadora a riesgo de provocar una escisión de los más radicales, que quedarían fuera del acuerdo.

Mientras que no se aprecian avances políticos, la situación en el terreno se deteriora progresivamente: con unas fuerzas armadas malienses prácticamente ausentes de todo el Azawad, la Misión de la ONU (Minusma) no se da abasto para garantizar la seguridad en la vasta región del Sahel.

La Minusma soporta, además, atentados constantes de grupos delictivos para robarles víveres o de grupos yihadistas contra sus bases, como el último ataque suicida contra la base de Ansongo, el pasado 15 de abril, que se saldó con tres muertos y 16 heridos, nueve de ellos soldados nigerinos.

Desde ese día, se han sucedido además ataques constantes contra los convoyes escoltados por la Minusma, que transportan alimentos o medicamentos de una población a otra; en ellos, los atacantes matan a los chóferes e incendian los camiones, antes de darse a la fuga.

Los transportistas de Gao han declarado desde el martes tres días de huelga para protestar por la inseguridad y exigir mejor protección, y desde el martes ningún camión entra o sale de la ciudad.

Esto ha hecho que suministros básicos escaseen en los hospitales, como es el caso de la ciudad de Kidal, en manos de los rebeldes tuaregs, donde fuentes médicas han asegurado a Efe que solo dos médicos y veinte enfermeros trabajan de forma voluntaria y en carencia de medicamentos y material médico.

La salida de la ciudad de Médicos del Mundo a fines de 2014, también debida a la inseguridad en la ciudad, ha sumido a la ciudad en un estado de emergencia sanitaria, y las ambulancias no se atreven a salir del hospital por miedo a las minas o a los ataques de delincuentes. EFE

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