Miles de burundeses huyen a Ruanda por temor a la violencia preelectoral

Miles de burundeses que residen en el norte están huyendo hacia Ruanda, el país vecino, ante el temor de que las juventudes del partido gobernante, integradas en milicias conocidas como “Imbonerakure”, desaten una ola de violencia a pocas semanas de elecciones.

Miles de burundeses huyen a Ruanda por temor a la violencia preelectoral

Entre 5.000 y 6.000 burundeses han abandonado ya su país, atemorizados por los rumores que apuntan a que estas milicias están siendo armadas para combatir a los opositores al régimen del hutu Pierre Nkurunziza.

El presidente de Burundi anunciará próximamente si concurre a un tercer mandato en las presidenciales -cuya primera ronda se celebrarán a finales de junio-, pese a que la Constitución burundesa lo prohíbe y la comunidad internacional ha instado al dirigente a ceder su puesto.

El flujo de exiliados empezó a principios de este mes, cuando comenzaron a circular informaciones sobre la distribución de armas a las Imbonerakure por el partido del Gobierno, el Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia-Fuerzas para la Defensa de la Democracia (CNDD-FDD).

Los refugiados tienen miedo de las patrullas nocturnas de las juventudes y auguran masacres si, finalmente, Nkurunziza decide aspirar a un tercer mandato.

Mientras que la sociedad civil y la oposición han asegurado que tomarán las calles para expulsar al actual presidente si decide presentarse, los partidarios de Nkurunziza, y especialmente las Imbonerakure, han amenazado con presentar batalla a los manifestantes “por todos los medios”, según medios locales.

Los habitantes del norte del país, de mayoría tutsi, y los miembros de la oposición se han convertido en blanco de las amenazas de la milicia, dispuesta a combatir a todos quienes se oponen a que Nkurunziza se vuelva a presentar.

Son ellos, principalmente, quienes están llegando a Ruanda, en cifras que se han duplicado desde principios de este mes, cuando el país vecino acogía unos 2.700 desplazados.

Procedentes del extremo norte del país, sobre todo de las provincias de Kirundo y Muyinga, los burundeses están siendo acogidos en campamentos en los distritos de Bugesera y Nyanza, ambos en el sur de Ruanda.

Los exiliados aclaran que no han huido buscando alimento ni trabajo, sino porque tienen constancia de que los milicianos partidarios de Nkurunziza ya entrenan en los bosques de la reserva natural de Murehe, en el norte, según medios ruandeses.

El presidente visitó Kirundo a principios de este mes para tranquilizar a la población, mientras que el gobernador, Révérien Nzigamasabo, acusó a los medios de comunicación y la oposición de difundir los “rumores falsos” que han alimentado la fuga de tutsis.

El gobernador de Kirundo también criticó que Ruanda haya abierto campamentos de refugiados al otro lado de la frontera, medida que cree está animando el éxodo, e instó a Nkurunziza a iniciar conversaciones con su homólogo ruandés, Paul Kagame, para pedirle el cierre de los asentamientos.

Así, el jefe de Estado burundés ya ha pedido a las autoridades ruandesas que repatríen a sus compatriotas, al tiempo que las Imbonerakure han intentado bloquear diversos accesos terrestres a Ruanda para detener este flujo, aunque sin éxito.

Posteriormente, una delegación ministerial de Buyumbura visitó los campamentos de refugiados en Ruanda para convencerlos de que volvieran a casa, pero los refugiados se opusieron a retornar si los Imbonerakure no se desarmaban.

También el alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, exigió esta semana a las autoridades burundesas “mano dura” contra los Imbonerakure.

Zeid describió a la milicia como un “grupo peligroso” y les acusó de operar “cada vez de forma más agresiva y con impunidad”.

La ONU se suma así a organizaciones civiles y prodemocráticas en sus temores y críticas contra el régimen de Nkurunziza, que ha sido presidente desde el fin de la guerra civil (1993-2005), en un país que se recupera todavía de dos genocidios recientes.

Edouard Madirisha – EFE

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