El “Macondo” sirio lucha para no acabar destruido

El campo de refugiados palestinos de Al Yarmuk es el “Macondo” particular del cantante y compositor Abu Gaby, que desde su exilio ve cómo la existencia de este lugar del sur de Damasco está amenazada por los combates, el cerco de las autoridades y el ataque del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

El “Macondo” sirio lucha para no acabar destruido

“Cuando pienso en Al Yarmuk a veces siento fobia”, lamenta Abu Gaby, en una vídeo-conferencia por internet desde Francia, un país lejano y con una lengua aún desconocida para él, donde trata de abrirse paso desde hace dos meses tras viajar allí desde el Líbano, donde vivió casi dos años.

Este artista se toca el cuello como si sintiera una sensación de ahogo, mientras habla de la vida en ese campo, el arte y el exilio.

El Yarmuk de antes del inicio de la guerra en Siria que recuerda Abu Gaby nada tiene que ver con el actual, pasto de la destrucción y la violencia ocasionadas por los combates y el asedio gubernamental.

La irrupción del EI en el campo a comienzos de este mes no ha hecho más que deteriorar la situación.

“Al Yarmuk era diferente de cualquier otro lugar del mundo, era una zona llena de vida, muy popular, parecía salido de una novela de Gabriel García Márquez”, evoca el artista, quien recuerda que si hay algo que imprimía carácter era “la sensación de espera”.

Sus habitantes son refugiados palestinos que estaban en “una espera permanente para regresar a su patria”. “Llevamos más de 60 años esperando, eso nos ha marcado y lo hemos utilizado muchos artistas”, expresa Abu Gaby.

Antes de la contienda en Siria, este campo, establecido en 1957 y con una superficie de 2,1 kilómetros cuadrados, acogía la mayor comunidad de refugiados palestinos en Siria, con unos 160.000 residentes, aunque su número se ha reducido a menos de 18.000 en cuatro años de conflicto.

Las canciones de Abu Gaby, que se dedica a la música desde 2006, hablan de ese tiempo donde el reloj se para y del anhelo de regresar a Palestina, aunque también de los sinsabores de la guerra en el territorio sirio.

Con el inicio del conflicto, la vida de Abu Gaby, de 30 años y que estudió Periodismo aunque su verdadera vocación es la música, se vio truncada.

La mayoría de sus amigos se marcharon de Siria y él decidió hacerlo en 2013, al sentirse amenazado por las autoridades debido a su activismo. Poco después, el Ejército impuso un asedio al lugar, tomado por grupos de la oposición, entre ellos el Frente al Nusra, filial siria de Al Qaeda.

“El cerco a Al Yarmuk es algo que no ha pasado en ningún sitio del mundo, ni siquiera en países como Somalia. Imagínate que tienes a 15.000 personas sin poder comer ni beber para que se vayan muriendo poco a poco”, denuncia el cantante, quien se queja de la pasividad de la comunidad internacional.

Para llamar la atención sobre la dureza del asedio, Abu Gaby estrenó en octubre pasado en el Líbano un documental realizado por él mismo, titulado “Yo soy azul”, sobre la vida en el campo, donde uno de los protagonistas era su amigo Ayham, que ponía música a las calles de Al Yarmuk con su piano, al que colocó unas ruedas para moverlo.

Sus melodías a veces eran acalladas por el ruido de los proyectiles de mortero en las cercanías: “No puedo pensar en nada más que en la música. No hay futuro ¿Qué es el futuro? Es una pregunta desagradable ¿Que es el mañana? No lo sé, así que en su lugar pienso en mis canciones”, dice Ayham en una secuencia.

“Ayham sigue en Al Yarmuk, está bien”, explica Abu Gaby, que tampoco quiere dar muchos detalles sobre su propia familia o de los amigos que quedaron allá, con los que a duras penas contacta por los cortes en las telecomunicaciones.

Para este artista, el ataque del EI se enmarca dentro de la situación en la región de Oriente Medio, donde Irán y Arabia Saudí pugnan por la supremacía.

Además, a su juicio, en Siria y, en particular, en Al Yarmuk han entrado muchas armas y dinero. “¿Qué se puede esperar cuando tienes gente que apenas cobra 200 dólares al mes y de repente les ofreces 800 a cambio de que vayan a luchar?”, se cuestiona.

La voz de Abu Gaby, a quien le gusta fusionar la tradición musical sufí con otros ritmos como el jazz, también se ha acallado en estos primeros meses de exilio europeo donde se está estableciendo poco a poco.

Aun así, no renuncia a la esperanza de regresar algún día a su querido Al Yarmuk, porque “nunca se sabe lo que puede pasar, ¿verdad?”, pregunta con una media sonrisa.

Susana Samhan – EFE

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