“The Farewell Party”, mirada compasiva y cómica sobre la muerte digna

Vejez, enfermedad y humor. Parece un combinado difícil, pero los israelíes Tal Granit y Sharon Maymon logran que funcione en su ópera prima, “Mita Tova” (“The Farewell Party”), que invita a penetrar en “la zona gris” de las creencias sobre la muerte y a plantearnos cómo queremos irnos de este mundo

“The Farewell Party”, mirada compasiva y cómica sobre la muerte digna

Probablemente es ese sutil equilibrio entre drama y comedia lo que ayuda a que la película llegue al corazón del espectador y haya sido distribuida en 25 países, incluida España, adonde llega el próximo fin de semana, tras haberse alzado con la Espiga de Oro en la pasada SEMINCI de Valladolid y un premio del público en Venecia.

“The Farewell Party” cuenta la historia de un grupo de amigos ancianos, que afrontan el tramo final de sus vidas acuciados por enfermedades como el alzhéimer o el cáncer terminal, ante lo cual uno de ellos decide construir una máquina que permite practicar la eutanasia sin ayuda de terceros.

“En todos los países donde se ha visto la película, las reacciones han sido similares. El público ríe en el mismo sitio y llora en el mismo sitio”, afirma a Efe Granit

“Mucha gente viene y nos pregunta si tenemos la máquina y se la prestamos. Está claro que el filme abre algo. Es difícil pensarlo pero todos vamos a morir y está bien pensar cómo queremos que sea”, añade.

Granit y Maymon habían trabajado juntos en un par de cortos y una película para la televisión. La idea para este primer largo surgió a raíz de una experiencia personal de Granit. Al morir la abuela de su expareja, a los 80 años, él y su novio fueron testigos de cómo los médicos intentaban por todos los medios mantenerla con vida.

“La muerte la liberaba del dolor y el sufrimiento, pero los médicos intentaron inútilmente resucitarla durante media hora. Me pareció absurdo”, señala el cineasta.

Aunque las reacciones a su trabajo están siendo en general muy positivas, hubo momentos en que el tema y, sobre todo, la palabra “eutanasia”, les ocasionaron algún problema.

“Sobre el guion, el título era ‘My sweet euthanasia’ (Mi dulce eutanasia). Nuestro productor alemán nos advirtió de que esa palabra era una bomba en Alemania, por las prácticas del Tercer Reich. Solo cuando lo cambiamos pudimos acceder a los fondos”, explica Granit.

“Pero esta película no es sobre la muerte”, añade. “Es sobre la vida, sobre la capacidad de elegir cómo quieres vivir y cómo quieres acabar tu vida. Es sobre la libertad”.

La idea de la máquina que permite autoinyectarse una dosis química letal está parcialmente inspirada en el Thanatron, aparato inventado por Jack Kevorkian, más conocido como “Doctor Muerte”, por haber ayudado a morir a unas 130 personas, según reconoció él mismo.

La historia de Kevorkian fue llevada a la pantalla en 2010 por Barry Levinson, con Al Pacino en el papel del doctor, condenado a una sentencia de entre 10 y 25 años de cárcel en 1999 por asesinato en segundo grado.

No es la única película que ha tratado el tema de la eutanasia o el derecho a la muerte digna. “Dalton Trumbo’s Johnny Got His Gun” (1971), de Dalton Trumbo, “They Shoot Horses, Don’t They?” (1969), de Sydney Pollack, “Whose Life is It Anyway?” (1981) de John Badham o la española “Mar adentro” (2004) de Alejandro Amenábar, son algunos ejemplos.

Pero rara vez se había hecho desde el humor, con la excepción quizás de la canadiense “Les invasions barbares” (2003), aunque a diferencia de aquella, “The Farewell Party” roza por momentos el surrealismo.

“El humor es la única manera en que sabemos tratar las cosas serias, nos sale natural, para compensar”, dice Granit. Eso sí, hay momentos en que no queda otra que dejar las risas a un lado.

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