Baja del embalse de Itaipú acorta la vida útil de la central, pero Cartes no exigió nada

Parlamentario del Mercosur y ex Coordinador de la Comisión de Entes Binacionales Hidroeléctricos (2008-2012).

Al menos tres veces, desde el inicio de la crisis hídrica del Brasil, que comenzó a fines del 2013, hasta la fecha, se bajó el nivel del embalse de Itaipú, a un nivel cercano a 215 metros sobre el nivel del mar (msnm), la primera vez, y torno a 216 msnm, las dos veces posteriores, cuando que no debe bajar de 219 msnm, el mínimo operativo. Esta baja de 3 a 4 metros (en altura) –para usar el agua y energía del embalse– significa una enorme superficie de tierra de fácil erosión ante cualquier lluvia.

Son muchas miles de hectáreas repletas de sedimentos, que con cada lluvia serán arrastrados hasta el fondo –lo que queda de él– del embalse de Itaipú, acortando su vida útil como represa hidroeléctrica. En el mundo son muchísimas las centrales hidroeléctricas que dejaron de funcionar por la colmatación (el llenado) de sus embalses con sedimentos que se depositan en su fondo, pues la descolmatación (el vaciado de sedimentos) tiene un costo prohibitivo.

El embalse de Itaipú se está colmatando. La propia entidad mandó realizar estudios técnicos y constató que el fabuloso canal del Alto Paraná, de unos 70 metros de profundidad, que existía antes de Itaipú, ya no existe más. Está lleno de sedimentos. Los técnicos que estudiaron la vida útil del embalse de Itaipú –un lago poco profundo, actualmente– dijeron que el proceso de colmatación, su completo llenado con sedimentos, tardaría unos 150 años, lo que no es nada para la vida de un río. Hay otras estimativas que acortan o alargan esta “vida útil” de Itaipú.

Lo que nadie discute es que, con sucesivas bajas del nivel del embalse, que las impulsa el Brasil para satisfacer su aguda necesidad eléctrica, dejando expuestas tierras fácilmente erosionables, se acelera notablemente el proceso de colmatación y, así, se acorta la vida útil de Itaipú.

¿Tenemos políticas de Estado en energía? Desgraciadamente, no. Una de ellas debería ser alargar la vida útil (y no acortar) de nuestra principal riqueza natural en explotación, la energía de Itaipú.

Entonces, si ésta debería ser una política de Estado de nuestro país –alargar la vida útil de Itaipú–, ¿por qué el gobierno Cartes autorizó las sucesivas bajas (al menos 3) del embalse de Itaipú entre fines del 2013 y la fecha? Lo hizo para satisfacer agudas necesidades eléctricas del Brasil y, para peor, lo hizo gratis, sin que el Paraguay cobre absolutamente nada, renunciando a defender nuestra soberanía, pues el 50% de la energía del embalse de Itaipú es paraguaya y el Brasil nos debería haber pagado un precio de mercado, como establece el Acuerdo Lula – Lugo del 2009. ¿No sabe Cartes (o sus técnicos), acaso, que la baja del embalse acorta la vida útil de nuestra principal riqueza natural? ¿Por qué no exigir, al menos, un precio de mercado, para así intentar reparar los daños y perjuicios causados por la baja del embalse?

Indudablemente, el interés de Cartes va en otra dirección. Le interesa que sus cigarrillos –la fuente más visible de su inmensa fortuna– se sigan vendiendo en el mercado que más los compra, el brasileño, donde ingresan –parece que él no sabe nada– sin pagar los mismos impuestos que allí se pagan. ¿Qué importancia tiene Itaipú para el principal productor –y contrabandista– de cigarrillos del país, y no por casualidad hoy Presidente de la República? Parece que ninguna.

La recuperación de la soberanía, a partir de los avances que hemos conseguido en el 2009, en el acuerdo Lula – Lugo, debe ser un amplio movimiento nacional que nos lleve a una verdadera democracia, transparencia y justa distribución de lo que nos corresponde, y termine con la plutocracia antidemocrática, que desgraciadamente hoy impera en el país, y que prioriza la defensa del contrabando de cigarrillos, entre otras actividades ilícitas, antes que la defensa de la soberanía nacional.

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