Indígenas recuerdan a general zarista considerado su benefactor

Indígenas maká asentados en el poblado de Kenkukue, en la periferia de Asunción, recibieron ayer a descendientes de la comunidad rusa en Paraguay para recordar a Juan Belaieff, un militar zarista que fue su protector tras el final de la Guerra del Chaco (1932-1935).

Indígenas recuerdan a general zarista considerado su benefactor

Aunque la figura de Belaieff es visible en la comunidad, ya que los niños estudian en una escuela que lleva su nombre y hay un busto suyo en el exterior, su papel en la historia de los maká se ha reducido a esa presencia testimonial.

De ahí que los maká y representantes de la Asociación de Rusos y sus Descendientes en Paraguay organizaran el acto, teniendo como fin recuperar la memoria colectiva a partir de los recuerdos que se conservan en ese lugar de Belaieff, que falleció en 1957 en Paraguay.

“Estamos haciendo una recuperación de la memoria colectiva, porque los niños y jóvenes ya no conocen ni recuerdan la historia del general. Queremos que adultos y abuelos les cuenten la historia a los niños y jóvenes”, dijo a Efe Olga Vysokolan, presidenta de la Asociación.

Además, la Asociación quiere que los relatos sobre el general se comuniquen a través de la lengua maká, para posteriormente transcribirlos al español y al guaraní, y traducirlos también al ruso”.

El proyecto, presentado por esta organización, cuenta con el apoyo de la Secretaría de Políticas Lingüísticas de Paraguay, y fue aprobado por varias comunidades maká.

Además es un proyecto que se ajusta al interés que tenía Belaieff por la cultura y lengua de ese pueblo.

“Belaieff convivía con los indígenas. A aquellos que no escribían en su lengua, él les enseñaba la grafía, de forma que ese idioma lo mantengan, no solamente hablando, sino también escribiendo y leyendo”, contó Vysokolan.

Tras escapar de Rusia, el general Belaieff se exilió en Francia, desde donde se trasladó a Paraguay en 1923, convirtiéndose en el primer ruso en emigrar al país, según Vysokolan.

Una vez en el país sudamericano, el Ejército paraguayo encomendó a Belaieff la misión de realizar una cartografía de la región del Chaco, en los años previos a la Guerra del Chaco, en la que se enfrentaron Paraguay y Bolivia.

El general, que además de militar era antropólogo, se dio cuenta entonces de que “no podría realizar mapas del lugar sin contar con la ayuda de los indígenas, que eran quienes conocían el terreno”, explicó Vysokolan.

Así fue como el exiliado ruso contactó con las comunidades indígenas que residían en el Chaco, y entabló una relación cada vez más cercana con los miembros del pueblo maká, que vivían próximos al río Pilcomayo, en la actual frontera con Argentina.

Fue precisamente Belaieff quien intercedió ante las autoridades de la época para que los maká se desplazaran hasta su lugar de residencia actual, a orillas del río Paraguay y en las proximidades de Asunción.

“El general le dijo al cacique maká que enviara a tres personas primero para que vieran el lugar, y comprobaran si era lindo o no para vivir. Después enviaron a más gente, y poco a poco llegaron los maká, algunos a pie y otros a caballo”, relató a Efe Chulikin Jorge Benítez, profesor en la comunidad Kenkukue (“Bananita”, en lengua maká).

Ya en su nuevo hogar, el general insistió en que los indígenas conservaran sus rasgos culturales propios, y muy especialmente su lengua, que los maká no sólo utilizaron para hablar, sino también para leer y escribir.

“Él nos decía que mantengamos y valoremos la cultura y el idioma, y que no lo olvidemos, porque son nuestras raíces”, aseguró Benítez.

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