La Semana Santa portuguesa, una “dulce” celebración entre padrinos y ahijados

Un pastel de pan dulce y seco, relleno de huevos duros, es el regalo gastronómico que intercambian en el Domingo Resurrección los padrinos y madrinas y sus ahijados, una costumbre netamente portuguesa que aún pervive cada Semana Santa.

La Semana Santa portuguesa, una “dulce” celebración entre padrinos y ahijados

Como manda la tradición, muchos niños lusos se dirigen hoy a las casas de sus padrinos y madrinas para recibir el pastel llamado “Folar”, un manjar típico de la Pascua lusa que simboliza la reconciliación, la unión y la amistad.

Los chavales retribuyen con la entrega de un ramo de flores, de olivares, para los padrinos, y de violetas, a las madrinas, ritual que se realiza hasta que los ahijados cumplen la mayoría de edad (18 años) o se casan.

Aunque sea una costumbre venida a menos, aún se mantiene viva en las zonas más rurales de Portugal.

Con el paso del tiempo, la tradición se ha adaptado, y, en algunos casos, los padrinos y madrinas optan por ofrecer chocolates con forma de huevo, como en Navidad, o simplemente juguetes.

En cualquier caso, “el Folar” sigue sin pasar de moda y muestra varios tipos de confecciones, según las zonas del país.

Uno de los más populares es el de la región de Trás-os-Montes, en el noreste de Portugal -próximo a Galicia y Castilla y León-, donde es salado gracias al relleno de varios tipos de carnes.

El origen del “Folar de la Pascua” es tan antiguo que se pierde en la historia.

Según la leyenda, su comienzo se atribuye a una muchacha que deseaba casarse cuando antes.

Los dos pretendientes que tenía, uno rico y otro pobre, acordaron disputarse a la doncella en una lucha a muerte.

Sin embargo, antes del duelo a vida o muerte, acabó por mediar Santa Catarina (una santa asociada a las primeras colonizaciones), que resolvió el asunto ofreciendo un “Folar” a los tres protagonista de la historia.

A la tradición del “Folar” y los padrinos y ahijados, se une otra antigua costumbre de la Semana Santa lusa, que también se celebra el domingo de Pascua.

El “compasso” está liderado normalmente por el sacerdote de una parroquia, que va de casa en casa, llevando la cruz, con la meta de anunciar la noticia de la resurrección de Jesús Cristo.

Las familias dispuestas a recibir el “compasso” han de colocar una alfombra de flores en la entrada de su domicilio, sobre la que se arrodillan para besar la figura de Jesús en la cruz.

En Portugal, país de mayoría católica -se calcula que cerca del 80 % de su población se declara de ese credo-, también se cumple con el habitual ayuno de carne el Viernes Santo.

Por ello, los menús del domingo de Pascua en Portugal vuelven a la carne, sobre todo cordero asado en el horno, animal asociado a la figura de Jesús Cristo.

Completa el panorama de la Pascua lusa las representaciones teatrales de la Pasión de Cristo, que, como las procesiones, se celebran en todo el país.

De entre las procesiones, probablemente la más curiosa es la de la Virgen sobre el burrito, realizada en Braga, en el norte del país, donde la imagen de la Virgen recorre las calles de esta ciudad, una de las de más raigambre católica, a los lomos de un burro.

Miguel Conceição – EFE

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