Jóvenes sudafricanos exigen limpiar las calles de símbolos coloniales

Primero fue la estatua del líder colonial Cecil John Rhodes en la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT), que será retirada del campus tras intensas protestas estudiantiles, y ahora podría tocarle el turno a la del caudillo afrikáner Paul Kruger, en el centro de Pretoria.

Jóvenes sudafricanos exigen limpiar las calles de símbolos coloniales

Decenas de esculturas y otros símbolos que exaltan el pasado colonial y segregacionista de Sudáfrica pueden tener los días contados si se cumple la voluntad de estudiantes como los que durante semanas se movilizaron para expulsar al “racista” Rhodes de la UCT.

“Convocaremos una gran marcha hasta la oficina del alcalde, Kgosiento Ramokgopa, para que se retire la estatua”, dijo Lesego Majubela, dirigente de las juventudes del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA).

Tras el lanzamiento de la campaña, el alcalde abrió la puerta a esta opción, aunque recientemente la había descartado al asumir al líder afrikáner como parte de la historia de la ciudad.

Flanqueada por las estatuas de cuatro guerrilleros boers, en cuyos brazos se sientan y fotografían cada día muchos de los sudafricanos negros que pasan por la plaza de la Iglesia, la figura de Kruger no supone un problema para los habituales de la zona.

“Para mí no tiene ahora ningún significado. Es parte de la plaza tal y como la conocemos”, dice a EFE Kgosi, un vecino que pasa muchas tardes alrededor de la estatua con sus amigos.

“Durante el tiempo que pasé en la plaza sentí que la gente que usa este espacio y los pequeños comercios tienen un apego sentimental a la estatua”, dice a EFE el artista “r1”, que en noviembre forró la escultura con papel de aluminio.

Con su iniciativa, “r1” -que no utiliza su nombre real en público- buscaba abrir un diálogo sobre la percepción de quienes tienen contacto con este símbolo de la época de dominación racista.

“La estatua también atrae a turistas”, añade “r1”, que cree que la decisión sobre este símbolo corresponde a “la gente que vive y trabaja en la plaza”.

Muchos de los detractores de las retiradas argumentan que derribar las estatuas o meterlas en los museos no mejorará la posición de la mayoría negra.

Para sus partidarios, sin embargo, son una victoria moral para los oprimidos y un impulso para la “transformación” real de la sociedad y las universidades, cuyos puestos directivos y de enseñanza siguen dominados por profesores blancos.

“La estatua (de Rhodes) es un monumento que glorifica a un hombre que fue indudablemente un racista e imperialista. Esta presencia es un acto de violencia contra los estudiantes y el personal negro”, escribió esta semana en una carta abierta el movimiento estudiantil “Rhodes Debe Caer”.

“La retirada de la estatua no es el final de este movimiento, sino el principio de la descolonización de la universidad”, continúa el texto, publicado en el diario The Star.

Uno de los puntos del debate es dónde debe acabar la “limpieza” de iconos coloniales en un país construido a su medida durante siglos por quienes fueron sus amos.

La estatua de Rhodes está rodeada de edificios de estilo europeo, como lo está de construcciones de arquitectura holandesa la plaza que preside Kruger, recuerdan algunos comentaristas, que se preguntan si deben ser demolidos también edificios “europeos” como el Parlamento o la sede de la Presidencia.

La polémica ha llegado a salpicar también a héroes de la historia africana como el rey zulú Shaka. El popular periodista radiofónico Gareth Cliff ha recordado que Shaka mató a muchos africanos durante sus conquistas y se preguntó si por eso habría de borrar su nombre de avenidas, plazas o del aeropuerto de Durban.

Mientras tanto, buena parte de la mayoría negra acusa a los blancos que rechazan la retirada de estos símbolos de no querer condenar épocas de injusticia y discriminación que les otorgaron las ventajas que todavía disfrutan.

“Somos lo que somos debido y a pesar de nuestra historia. Depende de nosotros lo que consideremos una ‘celebración’ o un ‘recordatorio'”, concluye “r1”. EFE

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