López Tarso dice estar bien a sus 90 años porque trabaja en lo que le gusta

Ignacio López Tarso tiene 90 años, una memoria prodigiosa, una envidiable salud y ningún deseo de retirarse, pues son los escenarios, los platós de televisión y los sets cinematográficos los que le dan al actor mexicano la energía para seguir viviendo.

López Tarso dice estar bien a sus 90 años porque trabaja en lo que le gusta


A sus nueve décadas de vida y seis de ellas tras las cámaras y sobre las tablas, López Tarso continúa con las mismas ganas de trabajar que cuando comenzó en los años cincuenta. Lo peor del paso de los años, confiesa, es que hay papeles que no podrá interpretar por su edad.

Si hoy los exitosos cineastas Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón le propusieran trabajar a sus órdenes, lo haría sin ninguna duda. “Sí, como no, si me invitan, encantado”, dijo en una entrevista con Efe.

Precisamente con Iñárritu trabajó su nieto Antonio Sánchez, autor de los sonidos del inquietante tambor de “Birdman”, cuenta orgulloso el actor, padre de tres hijos, abuelo y bisabuelo. Él también ha trabajado con los más grandes; llegó a estar a las órdenes del mismísimo Luis Buñuel en “Nazarín” (1959).

López Tarso citó a Efe en el Teatro San Jerónimo Independencia, donde participa en la obra “Aeroplanos”, uno de sus trabajos actuales, pues también está rodando una telenovela y tiene previsto participar próximamente en una película.

“El 15 de enero cumplí 90 años y me siento bien como para seguir trabajando, pienso que gran parte de sentirme bien a esta edad es porque he estado trabajando constantemente, porque trabajo en algo que me gusta mucho”, apuntó el actor. “Todos los años que me regalen yo los acepto, siempre que tenga salud”, comentó.

López Tarso practica la medicina preventiva. “Me cuido desde siempre, vigilo mi salud, estoy bajo vigilancia médica constante (…) Lo que tomo no es para curar algo, siempre es para prevenir que no vaya a venir tal o cual cosa”, explicó. Además, descansa mucho todos los días, duerme profundamente, agregó.

El actor tiene una memoria prodigiosa. Recuerda cada obra, director, año. El 20 de noviembre de 1975 murió el dictador Francisco Franco y López Tarso estaba en Madrid, con una gira de la obra “Tirano Banderas”, de Valle Inclán, en el Teatro Español, recordó.

“Tengo muy buena memoria, desde muy niño, y además la memoria es algo que se práctica. Si estás practicando la memoria constantemente, cada día tu memoria te ayuda más, cada día tiene mayor capacidad; yo he llegado a leer un libreto de televisión de una hora y con una sola lectura es suficiente”, contó.

Cuando trabaja con jóvenes en el teatro, “el primero que deja el libreto soy yo, a pesar de que en el reparto hay jóvenes de 18 años (…) que se supone tienen la mente muy clara y no tienen telarañas por ningún lado, de todos modos, yo soy quien generalmente se aprende primero la obra”.

Entre todos los géneros en los que López Tarso se mueve, sin duda se queda con el teatro. “El teatro tiene la ventaja de la presencia del público, que no lo tiene la televisión y el cine”. El “estímulo” de que aunque sean 500 o 1.000 representaciones de una obra, “cada vez que se abre el telón y apareces ante el público, todo es diferente”.

“Con la gente que va al teatro se establece una complicidad indispensable, tácita, nadie le dice al público ‘¡tienes que creer!’, ellos llegan y se sientan en una butaca y creen”, agregó.

López Tarso se ve como “un actor muy sincero y muy entregado a su trabajo”. “Soy en el escenario muy honesto, no engaño, no trato de engañar, como algunos actores dicen, que todo es un engaño, que todo lo que dicen es mentira, no, lo que dicen tiene que ser verdad absoluta dentro de ti mismo”, pues “eso lo nota el público”, comentó.

Sin embargo, no se atreve a hacer los papeles que por la edad ya se le pasaron. “Hay muchas obras que ya se me han ido, que ya a estas alturas no podría hacerlas, me gustaría tener esa gran seguridad que tienen los grandes actores ingleses, por ejemplo, que a los 90 años un actor hace Hamlet tranquilamente, cuando tiene 25”.

Aunque López Tarso llegó al teatro literalmente por un accidente, el actor cree que, de no haberlo sufrido, “de alguna manera hubiera llegado al teatro” porque “estaba predestinado para ser actor”.

En los años 40, estando trabajando en un campo de naranjas de Estados Unidos, gracias a un convenio laboral entre ambos países, se cayó de un árbol lesionándose en la espina dorsal. Regresó a México y tuvo que estar durante meses en cama.

“Fue muy oportuna esa caída porque sí me llevó a un período de absoluto reposo, más de un año en donde mi única distracción era la lectura y la música”, recordó.

El absoluto reposo le llevó “a conocer los clásicos” y “alguna poesía de gente de teatro” como su maestro, Xavier Villaurrutia, y, por lo tanto, a adentrarse en un mundo del que no piensa salir por voluntad propia, tenga los años que tenga. EFE

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