Guerra de las Malvinas, una “herida abierta” en Argentina 33 años después

A pocos días de que se cumplan 33 años del inicio de la guerra entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas, para el excombatiente Mario Volpe el conflicto bélico fue “innecesario” y todavía representa una “herida abierta” que afecta “profundamente” a la sociedad argentina.

En una entrevista con Efe, el presidente del Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas (Cecim) de La Plata aseguró que “nunca” vio necesaria la guerra que, entre abril y junio de 1982 terminó con la vida de 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños.

Para Volpe, los gobiernos de ambos países en litigio podrían haberla evitado.

“Siempre vi que la soberanía argentina (de las islas) es necesaria reclamarla y pelearla, pero entrar en ese momento en la guerra era entrar en la lógica del imperio”, apuntó el excombatiente, que entonces tenía apenas 24 años y, aun así, era uno “de los mayores” en la trinchera.

Volpe sostuvo que el enfrentamiento “atrasó” a Argentina en su histórica reivindicación y que, además, la guerra “le convenía” tanto a la entonces primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, como a la dictadura militar argentina (1976-1983), que la utilizó como una “reivindicación nacional” para intentar reforzar a Leopoldo Galtieri en el poder.

El excombatiente consideró que, pese a que el plan original era ocupar temporalmente las Malvinas, en manos del Reino Unido desde el 3 de enero de 1833, Galtieri decidió aprovecharse del “fuerte” sentimiento que genera en Argentina para adentrarse en un conflicto bélico que los ciudadanos no deseaban.

Según Volpe, también vicedirector del museo Malvinas de la capital argentina, el hecho de que “usurparan” parte del territorio nacional impide que la sociedad argentina pueda “disponer de su futuro”, aunque se mostró convencido de que, “sin duda”, las islas terminarán bajo la soberanía del país latinoamericano.

“Estos enclaves coloniales van a terminar en el mundo”, señaló antes de recordar que lo que piden los excombatientes es que las Malvinas se liberen “de una vez por todas” y sean argentinas “como lo fueron siempre históricamente, jurídicamente y geográficamente”.

“¿Si heredamos Buenos Aires de los españoles, cómo no heredamos las Malvinas?”, aseveró.

Volpe también hizo referencia a la polémica generada por la reivindicación de algunos de los soldados que fueron desplazados desde cuarteles de todo el país a la zona sur de Argentina pero que nunca llegaron a desembarcar en las islas y que ahora piden que se les otorgue un reconocimiento histórico.

Además, criticó que esta solicitud no existía hace 30, 20 ni 15 años, sino que coincide con el aumento de las pensiones en 2007, cuando “de golpe” aparte del reconocimiento, pasa a adquirir un tinte “económico”.

“Los que fueron movilizados tienen otro tipo de denominación”, afirmó distanciándose del reclamo y consideró que ese sector no puede incluirse en la categoría de veterano porque esta se refiere a quienes “realmente estuvieron en combate, bajo el bombardeo”, permanecieron junto a sus compañeros “que cayeron al lado” y “vieron a los ingleses en ese momento”.

Cuando Volpe llegó a las trincheras del archipiélago del Atlántico Sur en abril de 1982 tenía 24 años y estaba terminando los estudios de medicina, por lo que también aplicó sus conocimientos de enfermería y vio cosas “realmente duras”, como las que se esperan “en cualquier guerra”, donde “no hay otra opción que la muerte, los heridos y el sufrimiento”.

“Y lamentablemente en esta, como en todas, fueron los jóvenes quienes fueron enviados a morir”, sentenció.

El excombatiente denunció los “abusos” que cometieron los propios oficiales argentinos contra soldados de 19 años, que fueron “torturados, estaqueados y picaneados” debido a situaciones “mínimas” de conducta o religiosas, ya que en el ejército de la dictadura “el antisemitismo era una cuestión de todos los días”.

Hoy, esta “herida abierta” en la sociedad argentina está aún más pronunciada para veteranos como Volpe, quien regresó al archipiélago del Atlántico Sur por primera vez desde el fin de la guerra -el 14 de junio de 1982- el pasado año.

Fue allí, “en medio de la soledad de las Malvinas”, donde vivió un momento de “mucha emoción” al recorrer los lugares en los que había combatido, lo que le hizo evocar “a los compañeros caídos” y revivir una guerra que 33 años después de su comienzo continúa conmoviendo a la sociedad argentina como lo hizo entonces. EFE

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