Cuando el petróleo convoca  al maligno

Presidenta de la Fundación Manuel Gondra

En los años 30, dos naciones vecinas se enfrentaron en una guerra que regó de sangre las llanuras chaqueñas. ¿Porqué lo hicieron? Sin duda la causa principal se relaciona con la petrolera norteamericana Standard Oil Company que explotaba yacimientos en Bolivia.

Como víctimas de un siniestro juego de intereses, varias veces repetido en otras partes del mundo, estamos obligados a analizar hoy lo que sucede  en un país de nuestro continente.

Venezuela tiene petróleo. El petróleo mueve al mundo. El imperio del norte ha encendido mechas explosivas en varios sitios donde deberá guerrear. El imperio del norte necesita petróleo y lo consigue aunque para ello deba acuñar un insólito nuevo concepto como en el caso de Irak.

¿Guerra preventiva? ¿En que sociedad civilizada se castiga por adelantado, por las dudas? Sin la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el hijo invasor del padre invasor, jefe de la tormenta del desierto años atrás, ordenó el atropello. Destrozaron una nación, mataron gente y redujeron sus ciudades a escombros…….por las dudas. Porque un documento nunca mostrado y años después desmentido, indicaba que podía haber en Irak armas de destrucción masiva. Cuando quedó solo el polvo, los escombros y los cadáveres de inocentes, se comprobó que las tales armas no existían.

Pero……existía petróleo. Según el profesor norteamericano de la Universidad de Columbia, Jeffrey Sachs, las centenares de víctimas fueron el precio pagado para “dar destino” a unos 100.000 millones de barriles de petróleo. ¿Que más podían arrancar de esa nación destrozada? Nada. Pero hasta la nada se convirtió en negocio. Grandes empresas constructoras ligadas al poder político del norte, desembarcaron en la nada, caminaron entre los cadáveres y procedieron a edificar de nuevo las ciudades que ellos mismos habían destruído.

El Paraguay, que fué en su historia víctima en ese tablero siniestro, de movidas entre el petróleo, el poder y las guerras,  no puede mirar con indiferencia lo que está pasando en Venezuela que defiende su petróleo.  La voracidad planificada que la amenaza, puede virar en cualquier momento hacia otros lares.

Hoy es una vez más el petróleo pero mañana puede ser el agua. El Paraguay es rico en reservas de agua dulce, que corre en nuestros magníficos acuíferos. Cuando la sed toque las puertas de los magnates imperiales, estaremos sin duda en la mira de sus lapidarias ambiciones.

La solidaridad regional en la defensa de nuestros recursos es la más sólida defensa que debemos empezar a construir, antes de que sea muy tarde.

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