Brasil entra en la “cueva” más íntima y marchosa de Jorge Drexler

La era en la que los cantautores se escondían tras su guitarra ya es historia; ahora los músicos bailan, hacen coreografías e incluso “canciones con los pies”, una fórmula de éxito que el cantautor uruguayo Jorge Drexler no dudó en revalidar hoy en Brasil, el país del que beben sus melodías.

Brasil entra en la “cueva” más íntima y marchosa de Jorge Drexler

No es casualidad que la primera canción de la noche marcara las reglas del juego: “bailar, bailar, bailar, bailar”.

Como Pedro por su casa, un Drexler de lo más cómodo movió el cuerpo en Sao Paulo hasta la extenuación, acompañado desde el minuto cero de una pequeña pero increíblemente entregada audiencia de 1.500 personas, que agotaron las entradas del Teatro Bradesco hace ya cuarenta días.

El músico lo agradeció subiendo al escenario como quien canta entre amigos, bromeando y charlando, eso sí, todo el tiempo en portugués.

“Yo os aviso cuando llegue la parte más bailable”, avisó Drexler nada más empezar el concierto, que forma parte de la gira mundial en la que lleva enfrascado desde hace un año para presentar ‘Bailar en la cueva’, su último álbum y el más bailongo que ha hecho nunca.

Dicho y hecho. Al son de ‘Don de fluir’ animó a las parejas a salir a arrimarse por los pasillos: “si alguien vino con intenciones extramusicales, este es su momento. Ya di órdenes al técnico para que deje algunas zonas de oscuridad”.

Y aunque algunos pensaban que bromeaba, él mismo y sus trompetistas salieron a danzar con los fans, mientras el resto del público se levantaba de sus butacas para disfrutar una de las melodías más románticas de Drexler.

Pero el repertorio marchoso justo estaba arrancando y lo hacía con un guiño a la música de Brasil que desde pequeño le regaló muchos de los ritmos de los que beben hoy sus creaciones: ‘Bolivia’.

Grabada con el brasileño Caetano Veloso, la canción homenajea al país andino, el único que en 1939 dio asilo a sus abuelos, quienes huían de la alemania nazi.

“¡Cómo cambia la historia! Antes iban tantos latinoamericanos a Europa y ahora hay tantos españoles en Brasil”, exclamó Drexler, uruguayo de nacimiento pero madrileño de adopción, antes de dedicar a la mayor urbe suramericana, “ciudad de inmigrantes”, un tema que recuerda que “una puerta giratoria, nada más, es la historia”.

Aunque para historias la que le valió un Oscar por la banda sonora de ‘Diarios de motocicleta’, ‘Al otro lado del río’, que cantó a capela a pesar de la gripe.

“Hace casi diez años que interpreté una versión involuntariamente a capela en una entrega de premios en Los Ángeles y me gustó como quedó”, ironizó Drexler en alusión a la polémica que envolvió la gala norteamericana, donde no le dejaron cantar al considerarlo poco conocido para la ocasión.

Quienes tampoco lo dejaron charlar demasiado, al menos sin interrupciones, fueron sus admiradores, que no pararon de hablarle desde la distancia.

“¡Mujica!”, gritó de repente uno de ellos, y Drexler, entre carcajada y carcajada, respondió: “lo que más me gusta de él (del expresidente uruguayo, José Mujica) es su hacer política sin enriquecerse, porque no nos olvidemos que es una profesión de servicio para la gente”.

Y como vio que el público estaba tan animado como él, apartó por un momento su guitarra, se acercó al micrófono y confesó: “¿sabéis que con la legalización de la marihuana su nombre se ha convertido en un verbo? Hace poco vi a unos tipos que decían “¿vamos a hacer un mujica?”.

Las risas no se hicieron esperar y entre una cosa y otra las dos horas de concierto volaron más que pasaron, por eso Drexler no se salvó de hasta tres “bis”.

Bañado en un estruendoso aplauso, el que también es médico otorrinolaringólogo dejó las cuerdas y, con las mano en el pecho, se despidió como no podía ser de otra forma: haciendo flotar sus pies por el escenario.

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