Los kokang, el pueblo birmano de raíces chinas sin pasaporte

La mayoría de los kokang, comunidad de los rebeldes que combaten al ejército birmano en la frontera con China, comparten etnia y lenguaje con los han de la potencia asiática, aunque su región autónoma se enmarca dentro de Birmania (Myanmar). Dos identidades, pero ningún pasaporte.

Los kokang, el pueblo birmano de raíces chinas sin pasaporte

Tang Jiarong vuelve a casa bien entrada la noche, después de trabajar durante casi doce horas en el campo de azúcar con su marido. Situada en la cima de una colina de unos mil metros de la comarca china de Lincang (suroeste), se trata de su nueva vivienda desde que encontró al que sería su esposo hace un año y medio.

“Nos conocimos en Nansan”, dice a Efe Tang, en referencia a la ciudad china de la provincia de Yunnan (suroeste) que linda con el norte de Birmania (Myanmar), a la que ahora llegan miles de kokang que huyen del conflicto al otro lado de la frontera.

Kokang de origen, Tang conoció a su marido en Nansan cuando la situación era pacífica y el gobierno chino concedía un permiso especial a su comunidad para visitar la ciudad, centro de intercambios comerciales entre ambos lados de la frontera y también de tráfico de drogas y armas, aunque cada vez en menor medida.

Si estos días la violencia impide a la joven regresar a su hogar natal, muchos de sus allegados son los que huyen de él por el conflicto.

Los enfrentamientos empezaron en febrero, tras cinco años de calma, cuando se supone que el octogenario líder de la rebelde Alianza Democrática Nacional de Birmania (MNDAA), Peng Jiasheng, regresó a su tierra tras huir a China en 2009.

Acunando a su bebé, Tang prefiere no abordar los motivos de la batalla, pero no oculta su enfado al narrar en mandarín, su idioma materno, que no pudo recibir una enseñanza básica porque las autoridades birmanas no conceden a los kokang plenos derechos y les hacen sentirse “ciudadanos de segunda”.

“Aprendí a escribir gracias a mi marido”, dice, bajo la mirada cómplice de su esposo, Dong Yufan, oriundo de Yunnan, y añade que los kokang acuden casi siempre a escuelas gestionadas por ellos mismos y normalmente sólo hasta la educación primaria.

Tang y Dong no pudieron casarse oficialmente debido a que ella carece de documentación, por lo que en China tampoco está regularizada y puede ser expulsada en cualquier momento.

“A veces, después de algún tiempo, el gobierno chino nos fuerza a regresar (a la región autónoma de Kokang)”, dice a Efe Tang.

Aunque su situación es precaria, confía en la aparente aquiescencia de las autoridades de Yunnan, en parte por la deuda histórica de China con los kokang, cuyo territorio cedió a Gran Bretaña en 1897 en virtud de la Convención de Pekín.

Lo que más le inquieta es la situación de sus decenas de familiares y amigos que huyen hacia la potencia asiática, mientras los enfrentamientos en el norte de Birmania se han intensificado en los últimos días, según organizaciones como Radio Free Asia, y se estima que ya hay más de 50.000 refugiados en China.

Desde cerca de Nansan, un miembro kokang que prefiere guardar el anonimato así lo asevera también a Efe por teléfono, y añade que “la violencia empeora siempre por la noche”, por lo que no prevé que el conflicto acabe pronto.

Cita como fuente de tensiones las distinciones que el gobierno birmano realiza entre sus ciudadanos, con tres tipos de documentos de identidad existentes.

Sólo uno de ellos, según señala a Efe, “permite adquirir un pasaporte”, y no es el caso de los kokang.

Este limbo legal responde en gran medida a la particular historia de esta región del norte de Birmania, una parte del país que nunca ha estado realmente bajo el control de un gobierno central, ni durante la colonización británica ni tras la independencia.

Además, casi todo el territorio fue tomado por las fuerzas del Kuomintang (KMT) a comienzos de 1950, cuando las tropas comunistas chinas forzaron a los nacionalistas a huir del país, por lo que muchos kokang hablan aún el dialecto del KMT.

Tal maremagno de influencias hace que tanto Naipyidó como Pekín se pasen la “patata caliente”, según algunos expertos, y China, que ve a Birmania como un estratégico vecino con abundantes recursos naturales, “quiere ver una solución pacífica, pero no se meterá de lleno en el problema”, escribe Yun Sun, analista del Centro Henry L.Stimson, con sede en Washington.

Por su parte, los rebeldes del MDNAA, grupo que según el ejército birmano recibe las armas de China, luchan por más autonomía, pero no por la independencia.

Sin patria de facto como el resto de su comunidad, Tang de momento sólo busca regularizar su situación. Y aunque no se siente del todo china, asegura que aceptaría un pasaporte del país asiático “si así me dieran un identidad oficial. Eso eliminaría muchos de mis problemas”. EFE

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