Museo de la Corrupción recorrerá diferentes salas de arte

El Museo de la Corrupción de Paraguay, hasta ahora una iniciativa virtual para denunciar los desfalcos más sonados en el país, se materializa en una exposición de caricaturas que recorrerá diferentes salas de arte con el objetivo de mantener la memoria colectiva sobre los escándalos políticos.

Museo de la Corrupción recorrerá diferentes salas de arte

La colección de retratos de los corruptos, acompañados de su currículum de fechorías, pretenden así impedir que los casos vayan al “opareí”.

“El paraguayo no tiene memoria. Cuando aparece un caso de corrupción, al poco tiempo se olvida. Queremos volver a recordar lo que hace cada político”, explicó a Efe Ana Calvo, diseñadora gráfica que ideó el Museo junto al ilustrador Dave Mac Cruz.

Diputados que falsificaron más de siete títulos universitarios, niñeras convertidas en funcionarias parlamentarias por obra y gracia de senadores o ministros que emitieron facturas desorbitadas por la compra de hogazas de pan son algunos de los distinguidos personajes que pueblan el Museo.

Los dibujos también rescatan de la “amnesia ciudadana” escándalos como el del fraude producido en las elecciones primarias del Partido Colorado, hoy en el Gobierno, en 1992, cuando Paraguay se encontraba en plena transición hacia la democracia.

Acompañando los lienzos, el artista Dave Mac Cruz imprimió rollos de papel higiénico que tienen estampada la cara de los políticos corruptos, en un irónico gesto de desdén y rechazo.

También se expone en el Museo el primer “traje anticorrupción” del mundo: un esmoquin sin bolsillos, diseñado por el sastre paraguayo Roberto Espínola para que los representantes públicos eviten la tentación de apropiarse de lo ajeno.

El traje está inspirado en el diputado José María Ibáñez, acusado de estafa y certificación falsa de documentos, y de ser cómplice del supuesto cobro indebido de honorarios al pagar los salarios de sus empleados domésticos con dinero público.

El Museo nació en diciembre de 2014 como una plataforma virtual y una aplicación informática para vehicular las denuncias de los ciudadanos, desde las grandes estafas políticas hasta los intentos de pedir coimas de funcionarios públicos, refirió Calvo.

A partir de ahora este Museo, una iniciativa pionera en el mundo, se convertirá en una exposición itinerante que recorrerá varias ciudades paraguayas como Luque, San Lorenzo o Paraguarí, cuyos alcaldes “dejan bastante que desear en temas de transparencia”, según dijo a Efe el autor Dave Mac Cruz.

La acumulación de casos de corrupción induce en Paraguay una cierta “tolerancia”, al asumir como habituales hechos que deberían ser considerados “escandalosos”, declaró a Efe Ana Vixen Rojas, una de las visitantes de la exposición en un local del centro de Asunción.

La rabia transitoria que generan los desmanes políticos se canaliza en el Museo hacia el humor, usado como mecanismo alternativo a una indignación colectiva que suele tener fecha de caducidad.

“Paraguay está tan acostumbrado a la corrupción que busca ver el lado positivo y tomarse de la forma más jocosa posible el asunto, para poder conservar un mínimo de salud mental”, observó a Efe Javier Morales, otro de los visitantes de la muestra.

No en vano Paraguay es el segundo país más corrupto de Sudamérica, sólo superado en la región por Venezuela, según datos de la organización Transparencia Internacional publicados en diciembre de 2014.

La organización sitúa a Paraguay en el puesto 150 sobre un total de 175 países analizados, otorgando esta puntuación en base a criterios como la independencia judicial, la libertad de prensa, o la instalación de mecanismos contra el fraude.

Para Morales, las obras expuestas en el Museo de la Corrupción contienen un “sueño ideológico”: el de tener un Paraguay donde los políticos “sirvan a su pueblo en lugar de a su bolsillo”. EFE

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