Antonio Muñoz Molina: “no creo en las identidades nacionales”

Antonio Muñoz Molina, uno de los grandes novelistas en lengua española, no cree en las identidades nacionales especialmente cuando se trata de Literatura, arte que “admite pocas fronteras”, según destacó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2013 en una entrevista con Efe.

Antonio Muñoz Molina: “no creo en las identidades nacionales”

Muñoz Molina debatió hoy en Washington, Estados Unidos, con otro grande de la literatura, Carlos Ruiz Zafón, acerca de cómo las tradiciones literarias de España les han influido en pleno proceso creativo, cuando la imaginación, las emociones o el silencio se traducen en una novela.

“No creo en las identidades nacionales, no creo que haya una imaginación española distinta a la imaginación francesa”, subrayó durante la entrevista Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956), al ser preguntado por el título del debate, “La imaginación española ilimitada”.

“No creo en las identidades de los pueblos como si fueran individuos”, añadió el escritor, que, sin embargo, reivindicó la pluralidad y variedad de orígenes de España, un país “hecho de muchas tradiciones distintas”.

El escritor hizo referencia a la Edad Media y a la España de las tres culturas, que barrió la “feroz ortodoxia católica de los Austrias” con la expulsión de judíos y moriscos, lo que provocó “un empobrecimiento terrible del país”.

Y es que “nada enriquece más que el estar abierto a las influencias”, defendió el escritor, que ha vivido entre Madrid (España) y Nueva York (Estados Unidos), donde fue director del Instituto Cervantes.

Con esta vocación internacional, resaltó que, a él, se le ha puesto la etiqueta de “escritor español” simplemente porque ha nacido en España, pero su obra, sus acciones y su legado tiene orígenes variados e inspiraciones muy distintas.

Sus musas, confesó, se esconden en los libros de los grandes literatos de España, Francia y de todo el continente americano, desde Estados Unidos hasta los rincones más íntimos de América Latina.

Muñoz Molina destacó el impacto que ha tenido en sus novelas el erudito argentino, Jorge Luis Borges, y otro grande de la literatura argentina, Adolfo Bioy Casares, así como el escritor de Uruguay, Juan Carlos Onetti, o la poetisa también uruguaya, Idea Vilariño.

“Para mí ha sido muy importante vivir una parte de mi vida en Estados Unidos, sumergido en otra lengua y en otro país. Me ha influido mucho”, resaltó el escritor, que junto a su esposa Elvira Lindo reside la mitad del año en Nueva York, donde da clases en la universidad.

Entre los grandes de la pluma de Estados Unidos, Muñoz Molina destacó al laureado novelista estadounidense Philip Roth y al legendario, James Salter, con los que siente “una conexión familiar”, pues sus obras han calado “profundamente” en su vida como escritor.

Preguntado sobre si Internet favorece un intercambio mayor de culturas, el escritor afirmó que “el gran cambio en España no se produjo por la tecnología, sino por la democracia, el fin del aislamiento y la apertura al mundo”.

“Creo que la afición por la Literatura es universal. Yo de joven leía literatura de otros países, aunque traducida. El aficionado a la Literatura o al Arte admite pocas fronteras, a no ser que uno tenga una mente muy estrecha”, destacó.

El debate sobre Literatura en el que interviene el escritor se inscribe en el “Iberian Suite: global arts remix”, un festival que reúne en la capital de Estados Unidos, entre el 3 y el 24 de marzo, a más de 600 artistas de 23 países influidos por la cultura ibérica.

Dentro de este festival y guiado por su espíritu multicultural, Muñoz Molina ayudó a escribir el guión de la “Mística Ibérica: la Confluencia de las Fes”, una obra musical interpretada por PostClassical Ensemble, que el 10 y 11 de marzo subió al escenario flamenco, música sefardí y morisca.

Junto al director ejecutivo de la orquesta, Joseph Horowitz, Muñoz Molina emprendió en esta obra una revisión del pluralismo cultural de la Edad Media para acabar, en pleno siglo XX, con las poesías de Federico García Lorca, el ritmo de Manuel de Falla y el homenaje que ambos rinden al flamenco.

Al final, con la imaginación girando entre diferentes usos horarios, este gigante de las Letras borra las líneas que separan los países para reivindicar que, entre las culturas, siempre hay “caminos de ida y vuelta”. EFE

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