Siria, 4 años de conflicto sin perspectivas de pronta solución

Siria cumple mañana cuatro años del inicio de un conflicto, con más de 200.000 muertos y casi cuatro millones de refugiados, que casi nadie esperaba que se convirtiera en una contienda con tintes regionales, cuyo fin es difícil de vislumbrar.

Siria, 4 años de conflicto sin perspectivas de pronta solución

Lejos quedan las protestas antigubernamentales que estallaron en marzo de 2011 -primero en la provincia sureña de Deraa y luego en otros lugares- que dieron paso al conflicto armado.

El general del opositor Ejército Libre Sirio (ELS) Ahmad Rahal lo recuerda nítidamente: “Siria era un hervidero de descontento popular y se esperaba que se rompiera la barrera del terror” al régimen.

En aquella época, el general Rahal era profesor en la Academia Militar Superior del barrio damasceno de Qabun, aunque residía en la población de Duma, en el norte de la capital.

A comienzos de marzo, hubo un amago de protestas en Duma, tras el ataque de un policía al hijo de un comerciante, que hizo que el propio ministro del Interior visitara el lugar para tranquilizar los ánimos.

“Aquello fue un aviso para el régimen de que la revolución se acercaba”, dijo en declaraciones a Efe por internet el mando militare opositor, para quien el detonante fue “la bajeza moral, económica y estructural presente en todos los ámbitos”.

“Al Asad había convertido el país en una granja para su familia y parientes”, señaló el general Rahal, que afirmó que los servicios secretos, en concreto la Inteligencia Aérea, eran omnipresentes y tenían mayor poder que el Ejército o la Policía.

Él desde el principio estuvo con “los revolucionarios”, aunque no desertó hasta 2012, cuando los rebeldes tomaron el control de una parte de la provincia costera de Latakia, donde huyó.

Lo que parecía que era una guerra entre sirios acabó mutando en un conflicto más complejo con la irrupción de milicianos extranjeros en grupos yihadistas como el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, surgida en enero de 2012, o el Estado Islámico (EI), que empezó a operar en abril de 2013.

En el bando del régimen, la organización chií libanesa Hizbulá envió combatientes para respaldar al Gobierno sirio, así como Irán.

El periplo del activista del grupo “Al Raqa está siendo masacrada en silencio”, que se identifica como Abu Mohamed, puede ser una metáfora de lo ocurrido en Siria en cuatro años.

Abu Mohamed, que era estudiante de Derecho, participó junto a unas 200 personas en la primera manifestación en Al Raqa el 25 de marzo de 2011, en solidaridad con las protestas de Deraa.

“Ese día, las fuerzas de seguridad no intervinieron, pero seguidores del régimen golpearon a tres jóvenes”, rememoró.

A partir de ahí, su vida mutó, se implicó en las movilizaciones, abandonó la universidad y no volvió a salir por la noche por temor a ser detenido.

La primera vez que el ejército salió a las calles y abrió fuego en Al Raqa fue en febrero de 2012 y, en agosto de ese año, el primer grupo armado, llamado Al Qadisia y con siete miembros, se constituía.

Al Raqa fue la única capital de provincia cuyo control arrebataron los rebeldes al régimen, pero el año pasado estallaron los choques entre el EI y otras facciones, que se saldaron con la victoria de los yihadistas, que acabó tornándose en una pesadilla para los civiles.

Entonces, Abu Mohamed creó con varios amigos su ONG para documentar los abusos de los radicales, hasta que fue descubierto y escapó a Turquía.

El panorama es diferente en Homs, en el centro de Siria, donde su gobernador, Talal Al Barazi, se muestra optimista tras un acuerdo logrado en mayo con los insurgentes que puso fin a la violencia en el casco antiguo de la urbe.

Los opositores se marcharon al norte de la provincia y ahora Al Barazi está centrado en la reconstrucción de la ciudad y en forjar un pacto similar en el único barrio donde quedan opositores, Al Waer.

“Antes, vivíamos con seguridad y estabilidad, pero en 2011 empezaron los problemas por la presencia de grupos extremistas takfiri (radicales islámicos)”, señaló a Efe por teléfono.

Tras la evacuación de los rebeldes del casco viejo y del barrio de Al Hamidiya, el 25 % de los vecinos han regresado a sus casas.

Al Barazi cree que es posible abrir un proceso de reconciliación en aquellas zonas donde solo hay grupos armados sirios, con los que se puede dialogar, a diferencia del EI.

Y es que con los yihadistas en Siria resulta complicado ver el fin de una guerra, que está ocasionando un gran sufrimiento para los civiles. EFE

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