El Calypso afronta su última odisea ante los tribunales

El mítico barco que sirvió durante años al comandante Jacques-Yves Cousteau como base para sus exploraciones oceanográficas, afronta hoy una última odisea, esta vez ante los tribunales, donde se dirime su futuro entre la reconversión en museo o la desaparición.

El Calypso afronta su última odisea ante los tribunales

Prácticamente abandonado durante años en un muelle del puerto de Concarneau, en la costa bretona del noroeste francés, su futuro pende de un hilo.

Sus propietarios, la fundación “Équipe Cousteau” de la segunda esposa del marino, deben poner sobre la mesa 300.000 euros antes de la medianoche de hoy.

De lo contrario, el barco, o lo que queda de él, pasará a pertenecer a los astilleros Piriou, que lo albergan desde 2007 en uno de sus muelles, donde el óxido, la vegetación y el salitre están convirtiendo el buque en chatarra.

La decisión definitiva será conocida mañana, cuando el Tribunal de Apelación de Rennes dictamine sobre la propiedad del mítico Calypso desde el que Cousteau y sus buceadores dieron a conocer al mundo entero las maravillas de los fondos marinos.

Será un capítulo importante en la peripecia de un barco que ha alimentado la fantasía de muchos jóvenes y niños y que ahora puede estar viviendo sus últimas horas.

El Calypso es un buque antiminas de fabricación británica que sirvió en la Segunda Guerra Mundial, en particular en el desembarco aliado de Sicilia en 1943.

Adquirido en 1950 por el millonario británico Loel Guinnes, fue alquilado por Cousteau para sus viajes marinos.

Entre 1956 y 1996 surcó los mares como base de los experimentos oceanográficos del científico y también para la elaboración de los documentales que le dieron fama mundial.

En el Calypso, Cousteau probó la primera escafandra autónoma y durante años arrastró el pequeño submarino “Denise” que se convirtió en un mito de las exploraciones submarinas.

En 1956, la película “Le monde du silence”, de Louis Malle, rodada desde el Calypso, ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes.

Tras múltiples aventuras, el 8 de enero de 1996, un año antes del fallecimiento del buceador del gorro rojo, el barco chocó contra un pontón frente a las costas de Singapur y se hundió.

Rescatado 17 días después, el barco fue trasladado a Francia, donde durante años estuvo acostado en el puerto mediterráneo de Marsella.

Muerto el comandante, su herencia se convirtió en el campo de batalla entre dos bandos familiares, el de su segunda esposa, Francine, y Jean-Michel, hijo de su primer matrimonio.

La joya de la corona era el uso del apellido del marino, pero también la propiedad del Calypso.

Tras años de duelos judiciales, Francine Cousteau se quedó con la totalidad del pastel y, recelosa de perder lo que con tanto trabajo había conquistado, se afanó en prohibir todo uso del nombre del comandante.

En 2007 el barco fue trasladado a Concarneau para su restauración en los astilleros Piriou y su reconversión en un buque-museo itinerante para la divulgación científica.

Pero la crisis económica secó los manantiales del dinero prometido y el entusiasmo inicial dejó paso a un enfrentamiento entre Piriou y la fundación “Équipe Cousteau”.

Valorado en un millón de euros, el coste de las obras fue subiendo a medida que Francine iba añadiendo elementos y quejándose de que los astilleros no respetaban su voluntad.

Lo que inicialmente iba a ser un museo estático pasó a ojos de la viuda a un proyecto de centro itinerante, valorado por los astilleros en 8 millones, un dinero que nunca llegaba.

Si nadie lo impide, el Calypso puede acabar subastado, destruido o abandonado. Su futuro es ahora tan incierto como el que Jacques-Yves Cousteau auguraba a los océanos si el hombre no dejaba de esquilmarlos. EFE

Ningún Comentario

Deja un comentario