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Reveló que humilla a sus colaboradores y teje alianzas a partir de la extorsión. Citó el caso de Zacarías Irún, atado de pies y manos por culpa de su mala administración en CDE. Afirmó que Blas Llano conduce de “facto” el PLRA y que aquellos que se sientan comer con Cartes “no tienen voz relevante” y justifican su cercanía “con un silencio cómplice”.


En su visita a los estudios de Nanduti, Amarilla advirtió que muchos liberales piensan convertir la relación con el cartismo “en un negocio político permanente”.

Dijo que el PLRA necesita redefinir su rol y sobre todo “su vinculación con el Ejecutivo”.

Aclaró que en un principió apoyó y fue parte del Pacto Azulgrana porque pensó que esto le permitiría a la oposición influir en las decisiones del Ejecutivo, pero que cuando vio que no era posible, decidió tomar distancia.

Reiteró que con el beneficio de la retrospectiva quizás fue un error acompañar el juicio político contra Fernando Lugo, aunque mencionó que en ese momento “se optó por el mal menor”.

Reconoció que durante el periodo de gobierno no se hizo lo suficiente para superar las diferencias dentro de la Alianza y capitalizar la victoria del 2008.

Abogó por la construcción de un escenario político “donde se pueda recomponer el arco opositor”.

Las razones de la derrota

El senador liberal sostuvo que el no haber hecho mucho por cicatrizar las heridas con los sectores de izquierda provocó la fuga de votos liberales y la derrota de la dupla Alegre-Filizzola.

A esto hay que sumarle que referentes del partido sembraron dudas respecto a la calidad de gestión “en el año que estuvimos al frente del Ejecutivo”

“La ciudadanía nos pasó la factura” sentenció el legislador.