La casa John Galliano con Gaytten juega al maxi-mini con el Art Déco en París

En la colección otoño-invierno para la casa John Galliano, el británico Bill Gaytten defendió hoy la tendencia “maxi-mini”, que une prendas de longitudes y volúmenes opuestos, horas después de que Kenzo recubriera el cuerpo con patrones de ángulos rectos, en la Semana de la Moda de París.

La casa John Galliano con Gaytten juega al maxi-mini con el Art Déco en París

“Partimos del Art Déco, fijándonos en los estampados y en los materiales típicos de aquel periodo”, explicó Gaytten después del espectáculo, entre foto y foto con quienes se acercaban a felicitarle.

El trabajo creativo consistió en trasladar aquellos motivos a unas prendas que deben llegar a las tiendas de la compañía durante la próxima temporada de frío y, lo que es más importante, conseguir el beneplácito de la clientela.

El resultado fue bastante convincente. Incluso podría decirse que se trata de una de las mejores colecciones de Gaytten desde su nombramiento como director artístico en junio de 2011, cuando el modisto gibraltareño John Galliano fue apartado de la marca a raíz de unos insultos antisemitas que profirió en estado ebrio.

Gaytten, quien durante más de veinte años había sido el más estrecho colaborador de la aguja-estrella en busca de redención, firmó una colección con ricos materiales, como el jacquard o las pieles, que desprendieron ilusión con sus luminosos violeta y rojo.

El color negro fue el fondo ideal para unos estampados y bordados -y para estampados bordados, también- que recrearon vegetación apagada, así como peces y burbujas.

Las minifaldas de trapecio, compuestas en algunos casos por varios paneles, encontraron su contrapunto en abrigos largos y construidos y cazadoras con grandes solapas.

Las formas circulares guiaron las costuras y los motivos del jacquard, mientras se dibujaba una manga en forma de globo que salía del centro del pecho y se cerraba en el puño tras envolver el brazo.

“¡Quería hacer botas!”, exclamó Gaytten, al ser preguntado por una de las piezas que mejor fueron recibidas en el Palacio de Tokio, donde se celebró el desfile.

Su propuesta de caña alta, en monocolor con ligero brillo, cremallera trasera y, sobre todo, sin tacón, ilustró el desenfadado de esta colección.

Kenzo sacó la escuadra y el cartabón para recortar unos ponchos que envolvieron el cuerpo como si se tratara de una manta, mientras los picos caían hacia el suelo.

El dúo artístico, formado por Carol Lim y Humberto León, trazó líneas sobre los bordes de las prendas, los lados de las perneras o sobre el torso.

Este ligero acento deportivo se sumó a unos carnavalescos flecos que, como volantes tupidos en dos tonalidades, recubrieron toda la superficie de unos pantalones y una franja horizontal de la túnica a juego.

Los motivos vegetales, que parecen no agotarse nunca, se estamparon sobre los tejidos en tándem bicolor de siluetas o en un jardín de flores diseminadas.

Las chaquetas y chaquetones parecían a prueba del frío, a juzgar por el grosor de su forro de zalea -cuero curtido para que conserve su pelo-, que se expandió hacia el exterior, por el antebrazo o por la parte inferior de la prenda.

El diseñador portugués Diogo Miranda debutó en París, bajo el amparo del Portugal Fashion para la promoción de la moda lusa, con una colección con aspiraciones de alta costura en burdeos, teja, azul, blanco o negro.

“Queríamos una mujer muy imponente, por eso una mujer de película de ciencia ficción, con hombros levantados, cinturas y caderas marcadas, pero al mismo tiempo muy austera, muy sobria, muy elegante”, declaró a Efe el creador tras el desfile celebrado en el edificio histórico de la Biblioteca Nacional de Francia.

Una informal Chloé se decantó por las formas fluidas, con encajes y transparencias incluidas, por los abrigos de doble botonadura y solapas generosas, y un “patchwork” multicolor. EFE

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